Anita Szotlender de Blum: “Cuando uno tiene buenos recuerdos es feliz”
9 Junio, 2017
Shelaj Lejá: ¿amamos la tierra de Israel?
9 Junio, 2017
Mostrar todo

Beaalotjá: ser constante

Generic selectors
Sólo coincidencias exactas
Buscar en los títulos
Buscar en los contenidos
Buscar en los mensajes
Buscar en las páginas
Filtrar por categorías
1665
1667
1679
1680
1683
1684
1685
1686
1687
1965
1987
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014
2015
2016
2017
2018
2019
2020
2021
2022
2023
2024
2025
2026
2027
2028
2029
2030
2031
2032
2033
2034
2035
2036
2037
2038
2039
2040
2041
2042
2043
2044
2045
2046
2047
2048
2049
2050
2051
2052
2053
2054
2055
2056
2057
2058
2059
2060
2061
2062
2063
2063 impreso
2064
2065
2066
2067
2068
2069
2070
2071
2072
2073
2073-A Solo Web
2074
2074-A Solo Web
2075
2076
2077
2078
2079
2079 Impreso
2080
2080 impreso
2081
2082
2083
2084
2085
2086
2087
2088
2089
2090
2091
2092
2093
2094
2095
2096
2097
2098
2099
2100
2101
2102
2103
2104
2105
2106
2107
2108
2109
2110
2111
2112
2113
Cartas
Destacados
Destacados Anteriores
Dossier
Dossier Anteriores
Ediciones Anteriores
Especial
Gastronomía
Información
Israel/Diáspora
Kehilá
Leer para creer
Magazine
Noticias
Opinión
Parashá
Raíces
Shivá
Uncategorized
Vida Religiosa
XL
XLI
XLII
XLIII
XLIIII
XXV
XXXIX
XXXV
XXXVI
XXXVII
XXXVIII

VIDA RELIGIOSA

Beaalotjá: ser constante


Eitan Weisman
Rabino de la Unión Israelita de Caracas
rabinoeitan@gmail.com

L a parashá inicia mencionando la menorá, el candelabro que estaba ubicado inicialmente en el mishkán (tabernáculo), y posteriormente, al ser edificado, en el Beit Hamikdash (el Templo).

El encargado inicial de encender sus llamas fue Aharón Hacohén, el primer cohén gadól (sumo sacerdote). Según el Midrash, el hecho de que la Torá mencione la menorá al inicio de la parashá, no es casualidad. Parsahá nasó culmina con la acción de los príncipes de las tribus en la inauguración del mishkán; durante doce días consecutivos, un líder por día, representando a cada una de las tribus, presentó su ofrenda al Todopoderoso. Aharón Hacohen, el hermano de Moshe Rabeinu y líder de la tribu de Leví (por ser el cohén gadol), no tuvo participación en dichas ofrendas, por lo que percibió que tanto él como su tribu eran menospreciados con respecto al resto de Am Israel. Inmediatamente después de la mención de las ofrendas de los líderes de las tribus, Aharón se entera de que tanto él como los cohanim guedolim que lo sucedan, serán los encargados del encendido de la menorá.

Se menciona, según el Midrash, que es más importante el encendido de la menorá que las ofrendas, basado ello en el hecho de que las ofrendas son entregadas mientras exista un mishkán o un Beit Hamikdásh, y por el contrario las llamas de la menorá se encenderán eternamente.

Según el Rambán-Najmanides, el Midrash se refiere a las velas de Janucá; aun cuando nuestro sagrado templo esté destruido, el pueblo judío enciende cada año por ocho días las velas, conmemorando el milagro ocurrido en dicha festividad.

Otra interpretación que pudiese considerarse se refiere al hecho de que mientras las ofrendas de los príncipes de las tribus eran un hecho puntual, cuando se inauguró el Mishkán, Aharón y sus sucesores se dedicarían diariamente al servicio del Eterno.

De lo expresado se puede aprender una lección, que sin duda puede marcar nuestra filosofía de vida. Ciertos individuos están dispuestos a actuar solo si figuran públicamente y se hacen conocidas sus acciones; si se refiere a situaciones donde se requiere su colaboración, pero no es reconocida de manera notoria su ayuda, prefieren no actuar. Entonces se puede inferir que no actúan para beneficiar al prójimo, lo hacen para satisfacer sus egos y disfrutar de las mieles de la publicidad y los honores. Aquel que desea de manera sincera involucrarse en ayudar a su semejante no busca figurar y ser notorio, se da por satisfecho sabiendo que fue útil.

Construir poco a poco, día a día, con constancia y perseverancia, permite que las obras se sustenten sobre bases sólidas; es cierto que en un momento determinado las grandes obras son necesarias, pero lo cotidiano, aquello que hasta pudiese pasar desapercibido por ser muy evidente, es lo que nos mantiene unidos como miembros de Am Israel en particular, y de la humanidad en general.

Cualquier crecimiento personal requiere esfuerzo diario, constante y perseverante. Pidamos a Dios la ayuda que nos permita ser modestos como Moshé y amantes de la paz como Aharón. Ambas virtudes permitirán entender que debemos abocarnos con pasión a convivir con nuestros semejantes en beneficio de ellos y de nosotros, bien sea en situaciones de gran notoriedad o con esos pequeños detalles, que significan tanto para quien percibe que estamos pendientes su bienestar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

demuestra que no eres un robot *

Close