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Vida Religiosa

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Canalizando la divinidad

L a Torá dedica cuatro parashot o porciones a describir la construcción del tabernáculo. Ello después de haber dedicado previamente dos parashot a las instrucciones precisas que Dios le dio a Moisés para la construcción del mishkán. Al parecer, esto es singularmente repetitivo, ya que en la Torá, cuando se utiliza una palabra o letra adicional, de esta se derivan muchas leyes.

¿Cuál es el mensaje de la Torá que justifica cuatro porciones referentes al mismo tema? Nuestros sabios enseñan que todo en el mundo físico evoluciona como contraparte del mundo celestial. Del tabernáculo está escrito que había uno paralelo en la esfera espiritual, cuyo diseño estaba perfectamente replicado en el mishkán que nuestros antepasados construyeron.

El midrash enseña que cuando Dios instruyó a Moisés sobre cómo construir el tabernáculo, él ilustró el plano con llamas rojas, verdes, negras y blancas. Moisés preguntó: “¿Cómo se puede construir un tabernáculo de fuego?”. Dios respondió: “Construye según la imagen que te he mostrado, pero utiliza materiales como piedras preciosas, lana púrpura y carmesí, así como lino fino. Si tus congéneres replican este diseño en el plano físico, abandonaré mi tabernáculo, descenderé, comprimiré mi extensión infinita y habitaré entre ellos”.

Este relato es muy significativo. El diseño del tabernáculo terrestre refleja precisamente el de su homólogo celestial. Dios mostró a Moisés el tabernáculo físico y su contraparte espiritual, pero Moisés impartió a los judíos solo la dimensión física. Cuando Dios habló de madera de acacia, Moisés vio, además de la madera, ángeles cuya postura e imagen reflejaban las propiedades de la acacia. Pero cuando Moshé descendió y explicó su visión, solo habló de acacia y no de ángeles. De esta manera, Moisés tuvo éxito en la construcción de una réplica completa del tabernáculo, a pesar de que los arquitectos eran ajenos a la dimensión celestial de su trabajo.

Ahora podemos apreciar que la espiritualidad y lo material son cruciales. Un tabernáculo construido con materiales físicos puede convertirse en un hogar para Dios solo si está construido con las especificaciones divinas. Para hacerlo bien, Moshé tuvo que apreciar la versión celestial. Por otra parte, con solo la versión espiritual no se construye un tabernáculo físico, y Dios quería un mishkán material. Por lo tanto, mostró a Moisés la versión celestial contenida en la versión física, y fue la versión material la que Moshé compartió con el pueblo.

Lo expuesto hace recordar la anécdota del ingeniero que fue llamado a reparar un motor. Después de inspeccionarlo, apretó un tornillo y el motor ronroneó pleno de energía. Su tarifa fue de veinte mil dólares. Cuando se le cuestionó el exorbitante monto por solo haber apretado un tornillo, explicó que apretarlo cuesta solo dos dólares, pero saber cuál es el tornillo a apretar tiene un honorario de 19.998 dólares.

Moisés es el ingeniero que a lo largo de cuarenta días averiguó cuál tornillo debía apretar, por así decirlo, para convertir el mishkán en una residencia efectiva para Dios. Ello por sí solo merece dos porciones completas de la Torá. Por otra parte, a pesar de la claridad y la trascendencia espiritual que Moisés disfrutó en la cima del Sinaí, la profecía, la meditación y el estudio no crean un tabernáculo físico. Por ello, Moshé tuvo que traducir la imagen celestial al lenguaje material, y reclutar los arquitectos que lo construyeran. Eso merece dos porciones adicionales en la Torá.

No habría sido correcto escribir simplemente que los judíos construyeron lo que Moisés había visto; no lo hicieron. Lo que Moshé vio, Am Israel no lo podía construir; y lo que los hebreos construyeron, no era lo que Moisés vio. La visión que exhibió Dios en el plano espiritual en la cima de la montaña fue trascendental, y la versión construida por los arquitectos era material. Cada uno de ellos es un tema, y cada uno merece su propia porción en la Torá.

Un judío pudiese preguntarse por qué a veces un mandamiento debe ser realizado precisamente de acuerdo a especificaciones halájicas. ¿Qué pasa si las cambiamos un poco? ¿No se puede observar el shabat el domingo? ¿No podrían encenderse las velas de Janucá el día de Acción de Gracias? ¿Qué pasa si mezclamos leche y carne? ¿Y si coloqué la mezuzá en el lado equivocado de la puerta? Si nuestro corazón tiene los sentimientos correctos, ¿por qué es importante el cumplimiento de las mitzvot? Hay que recordar que el mishkán fue diseñado para adaptarse a las especificaciones exactas del tabernáculo celestial, por lo que se iban a fusio­nar ­perfec­tamente, y entonces canalizaría la presencia de Dios en este mundo. Lo mismo aplica para cada mitzvá, la cual está diseñada para canalizar una fórmula específica de la ener­gía divina en este mundo, y por lo tanto debe replicar la fórmula de esta energía en detalle. Aunque las especificaciones que se nos dan son físicas, son un reflejo perfecto de las especificaciones espirituales.

Sin embargo, cabe preguntarse si nosotros, de hecho, forjamos conexiones divinas a través de nuestras mitzvot, considerando que somos totalmente ajenos a la dinámica espiritual. La Torá establece esta pregunta también. Al dividir las dos partes de esta historia en dos series distintas, la Torá enseña que incluso un mortal, resi­dente en el planeta Tierra, absorbido por los antojos y deseos físicos, divorciado de la mentalidad trascendental del Sinaí, puede lograr una conexión trascendental a través de la acción ordinaria de una mitzvá.

En la superficie podría parecer que comer matzá en Pésaj no es diferente a ingerirla en una reunión veraniega; pero en el fondo, hay todo un mundo de diferencia. Siempre y cuando cumplamos los mandamientos de conformidad con las instrucciones de Moisés, y siempre que lo hagamos con pasión, podemos abrir canales de conexión entre nuestra alma y Dios.

Chaim Raitport
rabinoraitport@gmail.com
Rabino de la Unión Israelita de Caracas

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