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“Caudillo de las letras y del diario escribir”

Nuestra comunidad contó con un personaje singular, casi quijotesco, pero que a diferencia de aquella figura literaria recibió siempre el respeto de todos los que lo conocieron. Su labor periodística, que se extendió a lo largo de toda una vida, marca su impronta directamente en estas páginas y estas pantallas de NMI

Moisés Samanes en la época en que comenzó a dirigir El Mundo Israelita

Sami Rozenbaum

Moisés Sananes nació en Caracas el 5 de marzo de 1902, hijo de Jacobo Sananes y Ana Salama, judíos que habían llegado a Venezuela como parte de una oleada proveniente de Marruecos a finales del siglo XIX. Desde joven dio muestras de estar dotado para la escritura, especialmente la poesía; como narró mucho después: “Un grupo de muchachos, tocados de preocupación intelectual, habíamos establecido por razones sentimentales, como lugar de reunión nocturna, la baranda de la esquina de La Hoyada, hoy desaparecida bajo la piqueta demoledora del progreso en aras de nuestra querida Caracas. Fue allí donde una lejana noche surgió la luminosa idea de fundar una revista literaria, idea bastante avanzada para aquellos tiempos en unos jovencitos, pero muy propia de aquella época, en que aún la espiritualidad y el romanticismo no habían cedido el paso al materialismo desolador de nuestros días”.

En aquellos tiempos en que Venezuela yacía postrada bajo la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez, todo medio impreso debía gestionar un permiso de circulación ante las autoridades. Sananes recordaba: “Lorenzo Carballo, a la sazón prefecto de Caracas, nos concedió el permiso solicitado y, al despedirnos, nos subrayó: ‘Ya saben, literatura nada más, nada de política’”.

Así surgió Juventud Venezolana, la primera revista de su tipo en el país, que fue dirigida en un principio por Antonio Arráiz –quien años más tarde sería el director de El Nacional– y luego por el propio Sananes. En esa revista se dieron a conocer varias figuras de las letras que más adelante alcanzarían gran reconocimiento.

Tiempo después, Sananes fue codirector de otra publicación, Tiempo y Vida, y colaborador del importante rotativo El Nuevo Diario. Allí, como recordaría durante el resto de su vida, le publicaron un verso en la primera página. “Esto equivalía a un señalado honor, algo así como la consagración del autor en el innato y difícil arte de tejer frases sonoras y esparcirlas a través de las letras de molde por el ámbito del mundo del romanticismo, imperante todavía a principios de nuestro siglo”.

Quizá su primera relación con el tema judeo-sionista se produjo a través de su colaboración en Macabeo, “el primer vocero israelita que se fundó en Venezuela”, dirigido por Aarón Benchetrit y Jacobo Bendahán, con quienes mantuvo una sólida amistad durante el resto de su vida.

El 12 de octubre de 1931, Sananes ofreció un discurso para promover la idea de crear el primer centro social judío del país, que se llamó Centro Hispano Israelita y contó con el apoyo de la entonces recién fundada Asociación Israelita de Venezuela.

 

Encuentro crucial

Un hecho que tuvo gran trascendencia en la vida de Sananes –y en la de nuestra comunidad– fue el discurso que pronunció el 1° de enero de 1943, durante un acto celebrado en el Centro Benéfico Israelita, por invitación de su secretario Elías Chocrón (padre del dramaturgo Isaac Chocrón), donde se expresó en vivos y airados términos sobre las atrocidades del nazi-fascismo contra los judíos de Europa. Este discurso fue reproducido en la prensa caraqueña y llegó a manos del presidente de la República, Isaías Medina Angarita, quien le envió una tarjeta de felicitación.

En esos días acababa de llegar al país, huyendo del nazismo, un empresario judío holandés llamado Eduardo Cats. Enterado del talento y experiencia periodística de Sananes, le propuso crear un semanario destinado a la entonces pequeña pero ya pujante comunidad judía. “Y de nuevo el destino me ponía al frente de mi carrera vocacional”, escribiría Sananes mucho después. “Acepté el cargo, entusiasmado ante el ideal de poder servir a una circunstancia justa y perentoria para la humanidad, cual era la causa de la democracia y de Israel, especialmente en aquellos aciagos días de la Segunda Guerra Mundial, cuando era incierta y problemática la restauración del Estado libre de Israel”.

El primer número de El Mundo Israelita vio la luz el 6 de marzo de 1943, con un tiraje de 1.000 ejemplares. A sus 41 años de edad, Moisés Sananes iniciaba la labor que le daría tanta trascendencia en la historia de nuestra kehilá.

Rara fotografía en la que aparecen juntos Moisés Sananes (izquierda) y Eduardo Cats (derecha), en un evento en honor al magnate estadounidense Nelson Rockefeller, cuando este visitó Caracas a principios de la década de 1940

El Mundo Israelita comenzó con buen pie, pues recibía abundante publicidad (además se vendía al precio de Bs 0,40, relativamente alto para la época). Contó durante sus primeros años con 24 densas páginas, llenas de las diminutas letras que se utilizaban entonces en la prensa y con el típico diseño enrevesado de los periódicos de ese tiempo: artículos que trazaban escaleras en las páginas y pasaban de una a otra, y a otra, y a otra…

La sección “Carnet Social” muestra que, a mediados del siglo XX, había familias judías dispersas por toda la geografía nacional: además de las comunidades de Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay, había pequeños grupos en localidades como Maturín, Acarigua, San Felipe, Puerto Nutrias o San José de Río Chico

Las páginas centrales estaban dedicadas a la mujer, con informaciones sobre moda, gastronomía, consejos para el hogar e incluso recomendaciones para el “buen comportamiento social”. Otra sección, denominada “De todas partes”, contenía noticias sintetizadas por el propio Sananes. También había una página deportiva y otra denominada “Vida Caraqueña”, donde figuraba el quehacer cultural, económico y social de la capital. La política nacional de aquellos turbulentos años estaba siempre presente en sus páginas. De hecho, El Mundo Israelita era una especie de semanario de interés general pero enfocado hacia la comunidad judía.

Una sección que se mantuvo durante toda la vida del semanario fue “Carnet Social”, que recogía informaciones sobre nacimientos, matrimonios, fallecimientos, aniversarios, e incluso sobre los judíos del interior que visitaban Caracas o los que salían de vacaciones. Se trata de un registro minucioso de datos triviales, pero que ahora adquiere importancia como fuente de información detallada sobre aquella pretérita kehilá. Por ejemplo, “Carnet Social” muestra que, a mediados del siglo XX, había familias judías dispersas por toda la geografía nacional: además de las comunidades de Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay, había pequeños grupos en localidades como Maturín, Acarigua, San Felipe, Puerto Nutrias o San José de Río Chico.

La participación de Eduardo Cats en el semanario fue breve, pues pocos años después se retiró para dedicarse a sus actividades empresariales. Moisés Sananes quedó, así, como editor propietario y administrador.

Pasión por el pueblo judío

El año 1943 fue quizá el peor en la historia judía de los últimos siglos: era el momento en que la “Solución Final” llegaba a su apogeo, con la deportación y aniquilación de millones de judíos de toda Europa; pero también fue el año de la rebelión del Gueto de Varsovia y la del campo de exterminio de Treblinka.

La negra y pesada sombra del nazismo se proyectaba sobre casi todas las páginas de El Mundo Israelita. Justo en ese momento comenzaba a conocerse en toda su magnitud el hecho de que los nazis estaban llevando a cabo un plan sistemático de exterminio de judíos, y el semanario otorgó gran despliegue a esas informaciones que quizá en otros medios ocupaban un espacio marginal.

 

Directorio de El Mundo Israelita durante sus primeros años 

 

Pero además, Sananes llevó a cabo una labor que hoy llamaríamos de hasbará sobre la historia y la cultura judía, en un país donde eran prácticamente desconocidas. Como escribiría posteriormente: “En el servicio a la causa del judaísmo, he puesto todo mi empeño en divulgar, entre la generalidad del conglomerado no judío, la historia pasada y presente de nuestras grandes figuras humanas, que tan gran trascendencia tuvieron y tienen, hoy con mayor vigor, en la civilización de ayer y del presente, en todas las ramas de la ciencia, de la literatura y en todos los campos del saber humano”.

El Mundo Israelita empleaba las principales fuentes noticiosas judías de la época: Jewish Telegraphic Agency (JTA), Palestine Correspondence de la Agencia Judía (Pal-Cor), el boletín de noticias del Departamento para América Latina, también de la Agencia Judía (JADLA), Zionist News Service (ZINS) de Nueva York, y las informaciones del Keren Kayemet LeIsrael. Sin haber contado con un servicio de teletipo –tecnología que empleaban todos los medios en aquel tiempo–, no hemos podido determinar cómo hacía Sananes para recibir las informaciones.

Lo que sí resulta claro es que utilizaba con mucha eficacia los numerosos contactos que tenía en el mundo intelectual y político nacional, pues publicaba frecuentemente artículos de personalidades destacadas sobre temas de actualidad y, en particular, sobre lo que estaba ocurriendo con los judíos y en Palestina.

La sede del Comité Venezolano Pro-Palestina Hebrea era la oficina de El Mundo Israelita

 

El principal difusor del sionismo en Venezuela

Desde el primer número de El Mundo Israelita, Moisés Sananes se encargó de difundir apasionadamente la idea sionista y los éxitos que estaba logrando en Éretz Israel, a través de un artículo titulado “¿Por qué los hebreos piensan en un hogar nacional?”. En uno de sus párrafos clamaba: “¿Se imagina acaso que el individuo judío, por profesar una fe milenaria y fundamental de los más altos principios espirituales que han regido la humanidad por muchos siglos, y cuyos méritos se pretende vanamente desconocer, nace con una constitución biológica diferente a la de los demás hombres? ¿Se imagina, por ventura, que no tiene idénticos sentimientos a los de cualquier otro ser, o que en su organización física no palpita un corazón que lleva la sangre a través de las arterias con la misma armonía de cualquier otra criatura humana? ¿Se cree acaso que no posee una conciencia pensante? Injusta apreciación que es necesario, en nombre de la justicia y la dignidad humana, desvanecer”.

El Mundo Israelita imprimió con orgullo numerosas fotografías de las brigadas de los judíos de Éretz Israel que se unieron a los aliados para luchar contra el nazismo tanto en Europa como en el norte de África, su eficaz organización para enfrentar las agresiones árabes, y el impresionante desarrollo económico, social y cultural del yishuv.

Rubén Merenfeld concede la condecoración “Theodor Herzl” a don Moisés en nombre de la CAIV, durante el homenaje que las instituciones comunitarias le ofrecieron en julio de 1966

Sananes llegó a incursionar incluso en la diplomacia: en 1944, en plena guerra, se entrevistó con el canciller de la República, Caracciolo Parra León, para persuadirlo de la importancia de que Venezuela apoyara la causa del pueblo judío.

Poco después de finalizada la guerra, el 12 de agosto de 1946, un grupo de intelectuales venezolanos, judíos y no judíos, fundó –en un imponente acto celebrado en el Hotel Majestic– el Comité Venezolano Pro-Palestina Hebrea, similar a otros que habían surgido en numerosos países. Moisés Sananes, quien había promovido con tanta intensidad no solo la justicia, sino la urgencia de que el yishuv se convirtiera en un Estado independiente, representó en el evento al Comité análogo de la ciudad de Washington y, naturalmente, se integró a la organización como Director de Información. Este comité incluyó a personalidades como Andrés Eloy Blanco, José Nucete Sardi, Rafael Pizani, Miguel Otero Silva, Antonio Arráiz, Juan Liscano, Luis Esteban Rey, Mario Briceño Iragorry y muchos otros.

Se dio la afortunada circunstancia de que Andrés Eloy Blanco, presidente del comité, fuera designado ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ocupaba cuando se produjo la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, en la que se aprobó la Resolución 181 de “partición de Palestina” en un Estado judío y otro árabe. Resulta innegable que Sananes, a través de El Mundo Israelita, sembró buena parte de la disposición favorable para que nuestro país apoyara esa resolución.

 

Décadas de trasformación

A partir de los años 1950, El Mundo Israelita se consolidó como el medio impreso más importante de la comunidad pero, paradójicamente, recibió cada vez menos publicidad y redujo su número de páginas, que ahora era usualmente de ocho, aunque impresas en papel satinado (glasé). Fueron décadas en que la comunidad creció, creó nuevas instituciones y se desarrolló a un ritmo acelerado, hasta volverse prácticamente irreconocible. El país atravesó una dictadura, un nuevo golpe y el renacer de la democracia.

En 1966, la CAIV organizó un importante homenaje a don Moisés, en el que estuvieron presentes todas las autoridades comunitarias. Rubén Merenfeld, a nombre de la CAIV, lo condecoró con la medalla de oro “Theodor Herzl”, máximo galardón que otorgaba esa institución. Puede decirse que este fue el momento culminante de su carrera periodística, el día en que fue objeto de un reconocimiento general por sus largos años de dedicación a difundir informaciones y opiniones sobre la kehilá, Israel y el judaísmo.

Sananes continuó editando “su” periódico durante siete años más, mientras la edad le imponía un creciente peso, hasta que Rubén Merenfeld y Moisés Garzón gestionaron que El Mundo Israelita se fusionara con el periódico mensual Unión de la UIC y la revista Menorá de la Fraternidad Hebrea B’nai B’rith, uniendo esfuerzos para crear un semanario que fungiera como medio oficial de toda la comunidad judía venezolana.

El último número de El Mundo Israelita, la edición 1355, se publicó el 23 de febrero de 1973. Sananes no escribió ningún editorial de despedida; quizá no lo consideró necesario. Pero sí incluyó un significativo artículo titulado “Breve historia del periodismo judío en Venezuela, 1932 a 1973”.

Una semana más tarde apareció el número 0 (piloto) de Nuevo Mundo Israelita, con Moisés Sananes como director fundador. Así, la comunidad no estuvo ni una sola semana sin periódico. Si bien la conceptualización y estilo son distintos, más adaptados a los tiempos que corren, NMI continúa la orgullosa tradición de El Mundo Israelita: reflejar y registrar la historia de la comunidad, los aportes y valores del judaísmo y nuestro indeclinable apoyo al Estado de Israel.

 

Moisés Sananes falleció el 16 de agosto de 1982. Si se busca una frase que sintetice su vida, resulta muy apropiada la que le dedicó su amigo, el periodista, educador e historiador Adolfo Salvi: “Yo, que pude apreciar muy de cerca la labor que ha sabido cumplir mi estimadísimo amigo don Moisés Sananes, me descubro cordial y reverente ante su persona y lo consagro con mi mejor palabra: caudillo de las letras y del diario escribir”.

 

Fotos cortesía de Jeanette Almoslinos

 

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