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OPINIÓN

Condena a Charlottesville

Editorial de The Jerusalem Post

M ientras estamos enfocados en nuestros propios problemas, no podemos evitar voltear hacia Estados Unidos, donde los acontecimientos hacen que Israel parezca una isla de estabilidad.

La debacle de Charlottesville, Virginia, donde supremacistas blancos se reunieron bajo un paraguas racista para protestar por el retiro de una estatua del general confederado Robert E. Lee de un parque público, desató enfrentamientos, violencia y muerte, otra alarmante señal de que la sociedad estadounidense está en riesgo de romperse por sus costuras.

Un terrorista que atropella a una multitud con su automóvil es un titular que esperaríamos ver en nuestra región, pero cuando ocurre en EEUU es momento de tomar nota. Y cuando ese conductor presuntamente suscribe las ideas de los supremacistas blancos, el Ku Klux Klan y elementos neonazis que representan un peligro para judíos, musulmanes, negros y cualquier otra minoría que considere a EEUU su hogar, el asunto empieza a volverse personal.

El ataque del sábado 12 de agosto mató a Heather Heyer, de 32 años. Los videos en las redes sociales y las fotos de la agencia Reuters muestran al vehículo atropellando a un grupo de contra-manifestantes que se reunieron para enfrentar a los supremacistas, y lanzando a varias personas al aire.

No hay duda de que cerca del tope de la lista de la gente que esos racistas odian están los judíos. Aunque el foco de su protesta fue ostensiblemente preservar los símbolos de la Confederación, hubo expresiones abiertas de simpatía por el nazismo, incluyendo banderas con esvásticas y letreros que decían “Los medios judíos van a caer”. Según reportes de los medios, las expresiones de los supremacistas incluían a los judíos y mencionaban al alcalde judío de la ciudad, Mike Signer.

No hay términos medios sobre quién tiene razón y quién está equivocado en Charlottesville. La visión de unos imbéciles racistas, blandiendo su agenda llena de odio, conjura imágenes de unos Estados Unidos que muchos tenían la esperanza de que quedaba en el pasado, cuando las minorías vivían en el temor y enfrentaban la discriminación en todas partes. Esto exige una condena inequívoca, desde lo más alto del poder.

No obstante, teniendo la oportunidad de hacerlo y alinearse con el lado moral y justo del gran país que representa, el presidente Donald Trump falló miserablemente. Hablando desde su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, Trump declaró: “Condenamos en los términos más enérgicos este atroz despliegue de odio, fanatismo y violencia de muchas partes, de muchas partes”.

Añadió, correctamente, que ese tipo de acontecimientos han venido teniendo lugar a lo largo de la historia norteamericana. Pero, como escribió la Liga Antidifamación en su portal web, lo de Charlottesville fue “la reunión de supremacistas blancos más grande y violenta en décadas”.

A veces existe un lado justo, y un lado equivocado y en bancarrota moral. No resulta sorprendente que Signer acusara a Trump por la atmósfera que permitió que estas situaciones proliferaran: “Voy a decirlo sin rodeos. Yo atribuyo la responsabilidad de mucho de lo que estamos viendo hoy en Estados Unidos justo a las puertas de la Casa Blanca y a la gente que rodea al presidente”.

Las declaraciones evasivas de Trump fallaron en identificar la raíz de la violencia, o en expresar ultraje moral por la torcida ideología de los nacionalistas blancos. Recuerda las débiles declaraciones emitidas por el Departamento de Estado o los voceros de la Casa Blanca tras los ataques terroristas palestinos, cuando condenan “toda la violencia” y llaman “a ambas partes” a controlarla.

En un tuit, el columnista conservador Bill Kristol resume lo que Trump debió haber dicho: “A los racistas y antisemitas que dicen que me apoyan, sepan esto: denuncio su intolerancia y rechazo su apoyo”.

Pero parece que Trump, como su predecesor Barack Obama, tiene problemas para pronunciar ciertas palabras. Para Obama era el término “terrorismo islámico”. El talón de Aquiles de Trump parece ser su incapacidad para reconocer el monstruo del supremacismo blanco.

Hasta que lo haga, Estados Unidos estará paralizado en un fango moralmente ambiguo, que amenaza con hacer pedazos las fibras con las que se estableció esa nación. Como judíos, y como seres humanos, esto es causa de preocupación. Como escribió Heather Heyer en Facebook: “Si no estás indignado, no estás prestando atención”.

NOTA: Tras una intensa presión de los medios y el estamento político, el presidente Trump hizo posteriormente una declaración contundente en la que condenó al Ku Klux Klan, los neonazis y los supremacistas. Sin embargo, reiteró que la responsabilidad por la violencia era de “ambas partes”.

Traducción NMI.

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Léalo en aol.com: http://aol.it/2w77wRs

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“Dan Polisar, del Shalem College, revisó 400 encuestas de opinión entre los palestinos que datan del año 2000, y encontró que ellos sostienen tres puntos de vista principales: Israel carece de justificación histórica o religiosa, es por naturaleza agresivo y pronto desaparecerá. Pero las actitudes podrían estar cambiando ligeramente, a juzgar por una reciente encuesta que sugiere una creciente apatía hacia las prioridades negacionistas de la Autoridad Palestina y de Hamás”.

Léalo en Hatzad Hashení:http://bit.ly/2fHmTKg

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