Metzorá: Lepra espiritual, ego y séder de Pésaj
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PARASHÁ

De Pésaj: Retorno

“Estas son las leyes de la ofrenda de minjá… Y el sobrante de ella lo consumirán Aharón y sus hijos, pan ácimo será comido en un sitio santificado, en el patio del Ohel Moëd lo comerán. No horneen leudado, su parte se las he dado de mis ofrendas, doblemente santificado es, como el sacrificio de jatat (yerro) y de asham (culpa)” (6, 7/10).

Esta es la distinguida condición espiritual del sacrificio de minjá, que, a pesar de estar hecho a base de cereal, la Torá lo compara con dos de los sacrificios más consagrados: el jatat y el asham, debiendo ser consumidos en uno de los lugares más restringidos del Tabernáculo: el atrio del Ohel Moëd. ¿Por qué? Explica el Kelí Yakar, ZT”L: “Sobre lo mencionado en el Pasuk de ‘Pan ácimo (matzot) comerán en un sitio santificado’, se explica enseguida: ‘Pues es doblemente santificado, como el jatat y el asham’”, ya que ellos, al comparecer como medios de expiación para los que incurren en faltas, son considerados más que santificados. Y la razón es porque consiguen elevar a la persona muy por encima del nivel de tzadik (justo) absoluto, pues el justo que nunca pecó en su vida es llamado santo, pero aquel que decide retornar y abandonar sus malos caminos, es llamado doblemente santificado. Como está escrito: ‘En el sitio que están los que retornan, ni los más grandes justos pueden permanecer’. Y nuestros sabios dijeron: ‘Quien retorna por amor a su Creador, sus culpas se trasforman en méritos’. Y este encumbrado nivel no está presente ni siquiera en el justo consumado. Por esta razón, la ley indica que tanto el asham como el jatat serán considerados más allá de lo santificado.

También el minjá (matzá) se ubica en esta misma categoría y, por ende, deberá consumirse en un área especial. La razón es porque se opone radicalmente a lo leudado, a lo que incita a la persona errar: su ego, sus deseos de hincharse de importancia y honor, llevándolo así a ser santificado sobre lo ya consagrado (kodesh kadashim)”.

Todo esfuerzo y dedicación empleados en la víspera de Pésaj para erradicar de manera absoluta pan, galletas, pasta y todo lo relacionado con leudantes, nos agregará méritos espirituales y nos acercará al escenario de Pésaj, el que procura introducirnos al concepto real de la libertad.

El Keli Yakar nos revela uno de los fundamentos más significativos que nos proporciona esta festividad, por medio de su explicación sobre la ofrenda minjá que se sacrificaba en el Bet HaMikdash, y es el siguiente.

Toda persona, en el nivel espiritual que se halle, tiene la oportunidad de encumbrarse a los estratos más elevados en la escala de la Torá, sin, relativamente, hacer esfuerzos descomunales. Únicamente con un poco de reflexión y una férrea voluntad de cambio. A esto se le llama retornar (hacer teshuvá).

La matzá del sacrificio minjá debía elaborarse sin leudantes, pues representaba a aquel que resolvió rectificar sus caminos. Como es sabido, el jametz (leudo) es símbolo del orgullo, origen de toda mala virtud, pues una persona que la posee tiende a buscar la grandeza aparente, y a perseguir exclusivamente sus propios intereses. No así quien decide extirpar esa mala cualidad y retorna, dejando de lado esas inclinaciones, las cuales son como lastres que no le permiten trascender por encima su realidad física.

La limpieza y revisión de jametz deberá ir acompañada de esta intención: neutralizar y anular nuestras malas cualidades, ya que de otra manera sería casi imposible acceder a la verdadera naturaleza de la fiesta de la libertad, donde, justamente, nos sacudimos de toda ancla que nos impide alzarnos por sobre las mundanas pequeñeces que nos envuelven.

Esta es la idea básica de estos días, pues el pueblo de Israel, en Egipto, consiguió alcanzar este nivel a través de súplicas y de firmes y sinceros deseos de abandonar su miserable condición (física y espiritual).

También nosotros tenemos cada año la oportunidad de optar por una nueva realidad, y apegarnos a una vida llena de sentido. De esta manera, finalmente, nos sentarnos en la noche de Pésaj, en familia, en un sitio kodesh kodashim.

¡Shabat Shalom!


Yair Ben Yehuda

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