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VIDA RELIGIOSA

Por: Moré David Chocrón*

El séptimo

L a parashá de esta semana —Behar: En el Monte de Sinaí— comienza con la mitzvá de la shemitá, el año sabático, el séptimo año en el cual la tierra de Israel debe descansar y no se deben realizar labores agrícolas; y esta parashá termina recordándonos la mitzvá de cumplir, cuidar y respetar el shabat, y por lo tanto existe una analogía entre estas dos mitzvot: shemitá y shabat, ya que el cuidado de ambos de manera minuciosa causa en la persona “pérdida de dinero real”, pero a fin de cuentas esta “pérdida” solo es imaginaria, ya que está prometido y establecido que todos los que cuidan, cumplen y santifican al “séptimo”, llámese shemitá y/o shabat, son bendecidos por el amo del mundo.

Con respecto a los que cuidan el año sabático, esta dicho en la parashá (Vayikrá 25;21): “Yo dirigiré mi bendición a ustedes en el sexto año, de modo que la tierra produzca suficiente cosecha para los tres años (sexto, séptimo y para una parte del octavo hasta que la nueva cosecha esté disponible)”; y en relación con el cumplimiento del shabat, tenemos la promesa de Hashem desde los seis días de Bereshit, como está escrito (Bereshit 2;3): “Bendijo Elokim el séptimo día y lo declaró sagrado, pues ese día Elokim cesó de toda la obra que efectuara”.

Sobre esto mismo leemos en el Talmud babilónico, en el Tratado de Betza, folio 16a: “Todas las comidas del hombre están presupuestadas para el año venidero de antemano por el cielo”, desde Rosh Hashaná y hasta Yom Hakipurim, exceptuando los gastos por los shabat, los Yom Tov y por el estudio de Torá de sus hijos, de manera que si la persona disminuye estos gastos en su hogar, igualmente se les reduce desde el cielo, y si agrega a ellos, le agregan desde el cielo. Está escrito en este mismo tratado, folio 16b: “Les dijo el santo bendito es a Israel: Hijos míos, pidan prestado, cárguenlo a mi cuenta y santifiquen el día de shabat. Crean en mí y yo pago”.

Sobre esto asegura rabí Moshe Sofer “Jatam Sofer” (1762-1839) que la parashá de shemitá demuestra que nuestra Torá fue dada desde los cielos, ya que ninguna persona de carne y hueso puede prometer: “E impondré mi bendición sobre ustedes en el sexto año, y la cosecha producirá para tres años” (Vayikrá 25;21), aspecto lejos del alcance de la naturaleza, y por lo mismo esta mitzvá de shemitá es elegida para enseñarnos y demostrarnos que todas las mitzvot de la Torá son de origen divino.

Todo en la Torá y en la vida judía es probado y juzgado en el séptimo. La mayor prueba de fe es el shabat, que se repite cada siete días de la semana y en el que Hashem nos puede tomar el pulso y saber hasta qué punto somos fieles a sus decretos y mandamientos. En las palabras de un famoso escritor judío: “Más que los judíos han cuidado el shabat, el shabat ha cuidado a los judíos”.

Asimismo, la shemitá el séptimo año sin labores agrícolas en la tierra de Israel, es análoga al shabat personal reflejado en la tierra de Israel. Así, también, en el séptimo mes nos indica la Torá que fue creado el hombre, el mismo día de Rosh Hashaná, el primer día del séptimo mes, y de generación en generación nos está encomendado guardarlo como el día de juicio, día de despertar espiritual en el que se fija la bendición material y espiritual para el año venidero. Ese mismo mes tenemos después de siete días de reflexión y corrección —teshuvá— entre el día del juicio y el día de la expiación.

Siete días también debemos celebrar Pésaj, que representan el día de la salida física de la esclavitud hasta la apertura del Mar Rojo en el séptimo día. También la Torá nos hace que contemos cuarenta y nueve días (que son siete por siete) del Omer entre la libertad física —Pésaj— y la libertad espiritual —Shavuot— para decirnos que entendamos que en este período fijado por el siete debemos mejorar espiritualmente.

Debemos tener en cuenta los siete de la Torá, permanecer unidos a la tradición y dejar un legado a nuestros hijos y nietos. Solo ahora, después ya será tarde. El cumplimiento de shabat y de shemitá, aunado a todas las festividades, dará seguridad al pueblo en la diáspora y en la tierra de Israel. Hashem claramente lo dice, y el que duda pierde. Es un llamado a los dirigentes comunitarios y a nosotros a llenar las sinagogas en shabat y en todos los séptimos con nuestros hijos, y demostrar que Am Israel Jai, el escepticismo o la duda será la pérdida segura y la asimilación del pueblo judío. En hacerlo está el triunfo de Am Israel Jai.


*Asistente de rabinos de la Unión Israelita de Caracas

moredavidchocron@gmail.com

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