Arte abstracto israelí
5 Mayo, 2017
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Esperanza y promesa


Max Preschel*

¿L a Esperanza? 18.000 activistas y simpatizantes de AIPAC (American Israel Public Action Committee) entonando al unísono el himno del renacimiento del pueblo judío, el Hatikva (“La esperanza”), en el Verizon Center de Washington DC, al sonido de un violín tocado magistralmente por el virtuoso Hagai Shaham. Hurras y silbidos al final, el estadio estremeciéndose. Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

El violín que tocó Hagai Shaham proviene de uno de los campos de exterminio de la Shoá, donde los diabólicos nazis forzaban a músicos prisioneros a tocar para acompañar la marcha de las víctimas hacia las cámaras de gas. La humillación era parte del aparato de control. Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

Moshe y Amnon Weinstein fueron los luthiers que reconstruyeron el violín que había estado en los campos de exterminio; se los entregó después de la guerra un músico sobreviviente tan traumatizado que nunca más pudo practicar su arte, pero tampoco podía deshacerse del instrumento. Lo primero que tuvo que hacer Moshe Weinstein fue limpiar el violín de las cenizas que tenía por dentro, cenizas del humo que salía por las chimeneas del monstruoso infierno creado por los nazis en su locura. Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

Año 1941, Éretz Israel. Las terribles noticias de la tragedia del pueblo judío en Europa comienzan a llegar. El rabino principal, Isaac HaLevi Herzog (abuelo de Isaac “Buggi” Herzog, actual líder del Partido Laborista de Israel), consigue a duras penas una entrevista con el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, para suplicarle, para implorarle, su intervención a los fines de frenar la masacre. Se le concedieron apenas cinco minutos para exponer su caso, durante los cuales el presidente Roosevelt se limitó a sonreír amablemente. Hay quien dice que al final de esos cinco minutos el rabino Herzog encaneció repentinamente. No existía activismo judío que no fuera shtadlanut, que tuviera una base real de poder, no existía el Estado de Israel. Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

Año 1950, Estado de Israel. El niño Moshe Weinstein, futuro lutier, desde su curiosidad infantil le pregunta a su mamá por sus abuelos, tíos y demás familiares que habían permanecido en Europa y no pudieron hacer aliá antes de la guerra. Los británicos, cruel e ilegalmente, y en violación de su compromiso mandatario, tenían restringida la inmigración judía a Éretz Israel. La respuesta de la mamá fue una foto del bosque de Ponary, en las afueras de Vilna, donde los nazis fusilaron por lo menos a 100.000 judíos, algunas veces llegando a la cantidad de 18.000 por día. “Ahí están, Moshe; sepultados debajo de ese bosque están tus parientes”. Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

¿La Promesa? 18.000 activistas y simpatizantes de AIPAC, así como innumerables representantes de otras organizaciones judías y del Estado de Israel, prometen hacer todo lo necesario para que nunca jamás, nunca jamás haya judíos en un estado de indefensión tan absoluto que puedan ser empujados a entrar en una cámara de gas en un centro de exterminio o ser fusilados en masa en un bosque. Las víctimas de la Shoá vivirán en nosotros para siempre.

Nudos en las gargantas y lágrimas en los ojos.

*Ingeniero Civil, M.Sc. in Jewish Studies, colaborador de la CAIV

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