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Flora Benshimol

SHIVÁ

Flora Benshimol

Z’L

1928-2016

M i abuela era una guerrera

Ya son 10 meses y medio de la desaparición física de mi abuela Flora.

Aunque físicamente ya no estás con nosotros, llevaremos por siempre en nuestros corazones tu sonrisa, cariño, historias y enseñanzas.

Abuela Flora, te recuerdo como una guerrera. Criaste a cinco hijos como hombres auténticos, todos ellos ejemplos de bondad, fortaleza y justicia. Los guiaste por el camino del bien y del amor al prójimo.

Eras una guerrera porque luchaste para inculcar a tus hijos valores auténticos y puros, en un mundo que cada vez valoraba más lo vano y lo mundano. Eras una guerrera porque mandaste a tus hijos, apenas adolescentes, a la tierra de tus ancestros, a Éretz Israel. Eras una guerrera por ser esposa y madre de personas que lucharon por el establecimiento y la defensa del Estado de Israel. Eras una guerrera porque hiciste aliá en una época difícil y turbulenta, siempre confiando en Dios.

Eras una guerrera porque aunque escuchabas bombardeos y veías las noticias, igual enviabas a tus hijos a luchar en las guerras de nuestra tierra. Me contaste que pasabas cientos de noches en vela, rezando siempre a Hakadosh Baruj Hu para que regresaran sanos y salvos.

Abuelita Flora, eras una guerrera porque después de emigrar una vez lo volviste a hacer, pero esta vez a un país desconocido: Venezuela.

Abuelita, eras una verdadera guerrera porque pasaste una de las pruebas más difíciles que puede atravesar un ser humano: perder a un hijo. Y aunque perdiste a tu querido hijo Yuda, nunca perdiste la fe en Hakadosh Baruj Hu.

Abuela, eras una guerrera porque constantemente luchabas por sentirte bien emocionalmente, por ofrecer otra sonrisa, por seguir adelante... Eras una guerrera porque mantenías una constante batalla y siempre escogías estar feliz, seguir teniendo fe.

En el Pirké Avot aprendemos un hermoso pasuk que dice “¿Eize hu guibor? Hakobesh et yetzró” (¿Quién es fuerte? Aquel que gobierna a su instinto). Fuerte no es el que conquista reinos lejanos, el que tiene ejércitos y caballos. Fuerte es aquel que batalla dentro de sí mismo y logra vencer su instinto negativo. Yo sé, abuela, que día a día librabas una batalla interna; pero día a día intentabas vencer esa batalla con fe, con risas, chistes, levantándote alhasbaj para hablar con Hakadosh Baruj Hu y hacer ejercicio… Me enseñaste que cuando la vida nos hace caer uno se levanta, se levanta, y no hace más que levantarse.

Pero abuela Flora, no eras solo una guerrera. No podría terminar estas palabras sin capturar la alegría que irradiabas. Tu virtud de luchadora quedará para las siguientes generaciones como un ejemplo, pero tu sonrisa se nos ha impregnado en el corazón para la eternidad. ¿Cómo olvidar tantas cosas, abuela, tantas risas, cuentos, chistes y noches divertidas?

¿Cómo olvidar que siempre te gustaban las cosas en abundancia, por lo que cuando alguien servía algo decías: “hazzzmazz, hazzmazz”…?

¿Cómo olvidar tus chistes, que nos hacían reír hasta que nos dolía el estómago?

¿Cómo olvidar las idas al cine contigo, en las que pedías el “dafinero” de cotufas y te reías de principio a fin?

¿Cómo olvidar tu “alcofa”, gran bolso lleno de cosas, que de niños nos alegraba solo de verlo porque sabíamos que dormirías en nuestra casa?

¿Cómo olvidar el “jarro” (picante) que preparabas y que luego mandabas a mi padre y mis tíos para que se deleitaran?

¿Cómo olvidar como te levantabas alhasbaj para prepararnos teri y buñuelos?

¿Cómo olvidar tu pollo con aceitunas “de gualaalik”?

¿Cómo olvidarte caminando por los pasillos de Hebraica, compartiendo con la gente tus sonrisas y chistes?

¿Cómo olvidar tu bella manera de hablar, en la que salpicabas jaquetía por doquier?

¿Cómo olvidar el orgullo que sentiste en mi graduación del colegio? La gente que estaba a tu alrededor me contó cómo te paraste con esa gran sonrisa que te caracterizaba, y aplaudiste con toda la alegría de tu corazón diciendo: “Esa es mi nieta, esa es mi nieta”.

¿Cómo olvidar la manera en la que hablabas de mi padre, tu querido “Yuda”, a quien admirabas tanto, y me contabas con tanta alegría las mitzvot que él hacía en secreto?

¿Cómo olvidar el orgullo que sentías por cada uno de tus hijos, nietos y, más recientemente, bisnietos?

¿Cómo olvidar el cuento infinito de “daka pan, daka té”?

¿Cómo olvidar la gracia que te dio conocer a mi hija Yehudit, una de tus bisnietitas?

¿Cómo olvidar las mil y una historias de Cachafeiro, personaje que hasta el día de hoy no sabemos si era real o ficticio, con el que hilabas hazañas que nos contabas una y otra vez, aquellas historias que nos hacían morir de risa y al mismo tiempo nos enseñaban una lección? Y es que así eras tú, abuela, divertida y a la vez llena de bondad y aprendizajes.

¿Cómo olvidar cuando al emprender un viaje nos lanzabas gotitas de agua deseándonos “caminoz derechoz y claroz”?

¿Cómo olvidar los campamentos de nietos en tu casa, en los que llenabas el piso con sleeping bags, nuestras barriguitas con teri y nuestros corazones de amor?

Abuela, gracias por las risas, los aprendizajes, las enseñanzas. Gracias por el ejemplo y por haber sido pilar de la familia Benayoun Benshimol. Que Hashem te tenga en buen olam.

Te adora por siempre, tu nieta

Orly Benayoun de Farache

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