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ESPECIAL

Yom Haatzmaut

Israel cumple 68 años

Rabino Yaakov Kraus

M i nombre es Israel, estoy cumpliendo, B’H, 68 años, y deseo y espero cumplir muchísimos más. Ya no soy tan joven. Es por esta razón que conversé con tres profesionales de mi confianza que me han acompañado a lo largo de mi vida y me seguirán acompañando por siempre: mi médico, el doctor Zion Zionovitz, mi sicólogo, el doctor Moti Motivanono, y una persona preparada espiritualmente, que siempre me acompaña con sus consejos: el rabino Religionovich.

Analizaré con cada uno de ellos mi situación actual al cumplir 68 años, y trataré de llegar a una conclusión que dé un buen sentido a mi cumpleaños.

Comenzaré con mi médico Zion Zionovitz: “Mi querido Dr. Zion, has estado a mi lado durante 68 años, fuiste y eres mi inspiración, me has ayudado a mantener mi salud. Hemos pasado juntos momentos difíciles debido a múltiples guerras, muertos, heridos, y siempre has sido tú quien me ha ayudado a salir adelante, luchando cuando lo requería, sanando, y todo lo necesario para fortalecerme. Yo soy una mezcla de culturas, costumbres y estilos de vida. Cada uno, y en ocasiones todos juntos, son capaces de elevarme los valores del azúcar, subirme la tensión, causar daños a mi corazón y a otros órganos. Parece un trasplante que puede llegar a causar un rechazo; sin embargo, tú, doctor Zion, has sabido controlar y mantener ese equilibrio que se necesita brindándonos tu protección. ¡Gracias por tu fortaleza e inspiración!”.

Luego me reuní con mi sicólogo, el doctor Moti Motivanono: “Mi querido Moti, hace 68 años, al nacer, me prometieron que no habría más guerras ni antisemitismo, que yo sería un país judío donde ‘vivirán juntos el lobo con la oveja’. ¿Qué ha pasado desde entonces? Han fallecido casi 24.000 personas en defensa de nuestra independencia, y el antisemitismo sigue vivo incluso en los países más desarrollados como Inglaterra, Suecia y Francia, entre otros. Por otro lado, en Israel hay corrupción, crímenes y pobreza. Nada de esto ha desparecido en 68 años. Créeme que es deprimente, y un sicólogo no sería suficiente aunque su nombre sea Motivanono (motivación). ¿Qué me dices, amigo?”.

Motivanono respondió: “Mi querido Israel, creo que te has caído de cabeza y es un sicólogo justamente lo que necesitas. ¡Muéstrame alguna otra persona que haya logrado tanto como tú en 68 años! Te convertiste en una potencia mundial en tecnología, con premios Nobel casi cada año, tu población tiene abundante comida y un sinfín de variedad de productos. Tu sistema educativo es ejemplar, tu ejército de lo mejor. Eres un país lleno de población joven, creativa y capaz. Tardaría horas en relatar todos tus logros. Lamentablemente, esos éxitos llegaron luego de muchos sufrimientos y sacrificios; pero ¿quién dijo que es fácil ser judío? ¿Quién dijo que es fácil ser israelí? En los 68 años de tu existencia le has demostrado a todos los pesimistas que un Estado judío es una realidad y que eres un país democrático, moderno y ejemplar para otras naciones”.

Con un poco más de motivación y satisfacción, me quedaba aclarar un punto más con el otro profesional: mi consejero espiritual, mi rabino, mi líder en asuntos religiosos.

“Muy respetuoso rabino: Recuerdo a mi abuelo, que hasta sus últimos días rezaba por Sión y por la llegada del Mashíaj; se ‘moría’ por llegar a la Tierra Prometida. Él me enseñó la Biblia y me prometió que en Israel cuidarían el Shabat, comerían kasher y estudiarían Torá. No habría ladrones, asesinos, prostitutas. Que realmente seríamos un pueblo judío y no un país de judíos. Yo te pregunto: ¿Este es un país judío? Hay carnicerías taref, en Shabat casi todos montan en carro y las playas están llenas, en lugar de las sinagogas. Yo sé que hay judíos religiosos que celebran de una manera rigurosa mi cumpleaños cada año. Ellos piensan que este Estado es un paso importante hacia la redención final, pero creo que están equivocados. ¿Tienen razón aquellos religiosos como Satmer, Lubavitch y otros, que creen que este Estado judío contradice las profecías y la Halajá?”.

El rabino me respondió: “Escúchame bien, mi querido Israel, y no dejes que te confundan con mentiras y manipulaciones:

1. Nunca, pero nunca, ha habido tantas yeshivot y estudiosos de la Torá en nuestro pueblo como ahora en Israel (en la época del rey Jesquiyahu había numerosos estudiosos de la Torá pero también mucha idolatría, cosa que no existe hoy en día).

2. El abandono de la religión comenzó en la diáspora, así como la asimilación. Gracias al Estado judío se frenó de alguna manera la asimilación y tomó fuerza el gran movimiento de la teshuvá.

3. No existe otro lugar en el mundo donde un judío pueda caminar tranquilamente por la calle, sin temor que lo señalen o molesten por su condición o apariencia de judío. Esto se debe únicamente a la existencia de un Estado judío.

4. ¿Conoces otro país que haga todo lo posible por ayudar a sus ciudadanos o correligionarios en cualquier parte del mundo cuando se encuentran en peligro? Todos los judíos tienen las puertas abiertas en Medinat Israel, y siempre serán recibidos con los requerimientos necesarios para convivir.

5. Los hermanos judíos que no bendicen al Estado de Israel en sus rezos probablemente bendecirán a otras tierras donde se encuentren en la actualidad. ¿Por qué? ¿Porque no son judíos? ¿Acaso un gobierno judío que protege a otros judíos no merece una bendición? Triste.

Mi querido Israel: has logrado durante 68 años formar un lugar seguro, un Estado y una nación que es un punto de apoyo para todos los judíos del mundo. Es cierto que con esto no estamos todavía en la época del Mashíaj, pero sí estamos en el camino para alcanzarlo”.

Feliz cumpleaños, Israel, por tus 68 años de éxito. Puedes estar orgulloso de una vida llena de logros que traerán muchos más. Considérate un triunfo en el que cada uno puso su granito de arena; eres un milagro creado por Hashem, quien protege, observa y nos dirige en un sendero hacia la llegada del Mashíaj. Sin duda, con una Medinat Israel fuerte espiritual, económica y socialmente seremos una luz para el resto del mundo

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¡Mazal Tov, Israel!

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