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DOSSIER

Jakob Wassermann, o un escritor silenciado

Redacción NMI

En su tiempo, el escritor que hoy presentamos fue comparado nada menos que con Thomas Mann, y además contó con la anuencia de este. Pero la temprana aparición del nazismo intentaría acallar esta voz, que de tan potente aún hoy sigue resonando. Y para contribuir a que siga viva, alimentemos las brasas de la memoria con algunos datos sobre su historia, a manera de abreboca para una detenida lectura posterior.

Una infancia bávara

Fürth es una ciudad de Baviera cercana a Núremberg, que se cree fue fundada por Carlomagno en el siglo X. En ella se construiría, en 1835, la primera vía férrea de Alemania, la línea Núremberg-Fürth. Y aunque permaneció preservada en el tiempo durante muchos años, sería parcialmente destruida por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

En esta ciudad, de tanta historia y destino trágico, nació en 1873 Jakob Wassermann, hijo de padre comerciante y madre tempranamente desaparecida. Aunque su padre no veía con buenos ojos su afición, desde joven Jakob mostró interés por la palabra escrita, lo que se veía estimulado por la cercanía con los libros en su trabajo como dependiente de una librería, y que se haría patente con la publicación de algunos textos en periódicos locales.

Terminó el servicio militar en Núremberg, luego viajó por el sur de Alemania y Suiza, y hacia 1894 se instala en Múnich, donde trabaja como editor y redactor de la revista satírica Simplicissimus. Comienza una vida dedicada por entero a la palabra.

Austria y los primeros libros

Desde los 25 años –y hasta su muerte– se instala en Austria, en las ciudades de Viena y Altaussee, y se dedica totalmente a escribir. También lee a Rainer Maria Rilke, Hugo von Hofmannsthal y Thomas Mann, fundamental triada iniciática para los menesteres literarios de hondura.

Hacia 1896 publica su primera novela, Melusine, e incursiona como crítico de teatro en Viena, meca del género en la época. Obtuvo éxito de público con su novela Los judíos de Zirndof (1897), que aborda la historia de un falso Mesías aparecido en una pequeña comunidad judía de Franconia en el siglo XVII, anécdota que se continúa en Historia de la joven Renate Fuchs (1900).

Caspar Hauser o la indolencia del corazón (1908), sobre los últimos años de la vida de este enigmático “niño salvaje” encontrado en Núremberg y asesinado poco después, es un símbolo de la inocencia oprimida en medio de un mundo pervertido; es la representación del hombre puro en medio de la humanidad desalmada.

El hombrecillo de los gansos (1915) es, sin duda, el mayor éxito de Wassermann. En este libro se han señalado no pocos elementos autobiográficos: se cuenta la historia del músico Daniel Nothafft (Wassermann estudió música), que vive atrapado en el amor por dos mujeres muy distintas (misma situación del escritor), a quien destruyen los comentarios y burlas de sus vecinos, la ingratitud de la época.

Otra de sus novelas destacadas fue Christian Wahnschaffte (1919), historia de un joven rico que se distancia de su padre, un magnate industrial, y de todas sus posesiones, para conocer las miserias de los pobres y ayudarlos para demostrar así su amor al hombre, siguiendo el ejemplo de Buda y de Tolstoi.

Con obras de esta calidad, Wassermann pronto alcanzó tanto éxito que fue el novelista más leído en Alemania, eclipsando a su amigo Thomas Mann, quien llegó a calificarlo como “estrella mundial de la novela”; lo que no es poca cosa, si recordamos que Mann es una de las cimas literarias de todos los tiempos.

Esta popularidad se vio apuntalada cuando publicó El caso Mauricio (1928), en que el hijo de un abogado lucha por librar a un inocente de una injusta condena, historia cuidadosamente tejida con la incertidumbre de una novela policíaca y que se extiende a la trilogía que completan Etzel Andergast (1931) y La tercera existencia de Joseph Kerkhoven (1934), análisis sicológico de la juventud alemana en los años de posguerra.

La sombra nazi

Wassermann fue un agudo observador de los problemas de su tiempo, por lo que el tema central de su novelística es la crisis del hombre moderno: los personajes son presas inevitables de sus propios destinos, no pueden escapar de él. Asunto que recuerda las historias de Tolstoi y Dostoievsky, dos señalados referentes del autor.

Como consecuencia, es ineludible el tema de la justicia universal a la que todo ser humano tiene derecho, aunque la cobardía, los sórdidos intereses y la pasión política se la nieguen. Por ello, con anticipación, en Mi vida como alemán y judío (1921), escribió sobre la tensa relación entre sus identidades alemana y judía, el dilema que le podía significar a un judío alemán y patriota el triunfo del nazismo en su país. Es este un libro obligado para lectores desprejuiciados que quieran sumergirse en las raíces del conflicto desde un punto de vista muy humano.

En 1926 fue elegido para la Academia Prusiana de Arte, a la que renunció en 1933, evitando su expulsión por parte de los nazis. Pero el nazismo había llegado al poder, y ese mismo año sus libros fueron prohibidos en Alemania por su condición de judío. A partir de entonces, su figura fue difamada y humillada a causa de sus orígenes. El horror estaba dando sus primeros pasos.

No vería Wassermann a la maquinaria nazi funcionar en su totalidad, pero con lo presentido fue suficiente. Zaherido en lo profundo, murió en Altaussee, Austria, en enero de 1934, a la edad de 60 años.

Caspar Hauser

Caspar Hauser (1908) narra la conmovedora y enigmática historia de un expósito en busca de sus orígenes y de su propia identidad. Incomunicado del mundo desde su infancia, Caspar se erige, como el buen salvaje, en el símbolo del hombre puro, inocente y espiritual, en oposición con la realidad que lo circunda. Entre lo real y lo metafórico, la ternura y la infamia, Jakob Wassermann construye esta intrigante y sobria novela que no tardó en convertirse en un referente para el imaginario romántico de la época, con la que alcanzó una de sus más perfectas obras. Fue llevada al cine en la década de 1970.

Barcelona: El Acantilado. 2002. 504 páginas.

Traducción: J. Miracle.

El hombrecillo de los gansos

Fue una de las novelas más populares en Europa a principios del siglo XX, y ha sido considerada hasta nuestros días un hito en la obra de Wassermann. La historia de Daniel Nothafft, un músico que vive su condición artística con pleno radicalismo y que lucha contra la decadencia moral y espiritual de su época, traza un arco narrativo en el que todos los puntos convergen en uno: “No se trata de poder, se trata de ser”. El hombrecillo de los gansos, esa estatua que se erige en el centro de la plaza de Núremberg, es figura simbólica, camino de salvación de un artista asediado entre las convenciones sociales y una recia voluntad de perfección.

Barcelona: El Acantilado. 2001. 696 páginas.

Traducción: José Vivar.

El oro de Cajamarca

Muchos de los relatos históricos de Wassermann están ambientados en España, como El oro de Cajamarca (1928), que narra uno de los episodios más oscuros de la conquista de América: las matanzas de incas perpetradas por Francisco Pizarro, que sometió un enorme imperio con solo 200 hombres, junto a la condena de su emperador Atahualpa, ajusticiado después de pagar el rescate más alto que se conoce. En realidad, el verdadero tema es cómo la fiebre del oro degrada al ser humano.

Madrid: Alianza Editorial. 2016. 112 páginas.

Traducción: Carmen Gauger.

Doña Juana de Castilla

Juana I de Castilla, más conocida como Juana “La Loca”, es uno de los personajes más incomprendidos de la historia de España. Hija, esposa y madre de reyes, desde pequeña fue instruida para vivir según lo que dispusieran los demás. En el relato de Wassermann, por primera vez traducido al español, se narra la vida de Doña Juana desde su más tierna infancia hasta los últimos días de su solitaria existencia en el castillo de Tordesillas, acentuando el hecho fundamental que marcará su existencia: el matrimonio con Felipe “El Hermoso”, archiduque de Austria. Wassermann consigue crear un personaje inolvidable, mediante el empleo de un lenguaje cargado de lirismo profundamente conmovedor.

Madrid: Mármara Ediciones. 2015. 88 páginas.

Traducción: Carlos Fortea.

Mi camino como alemán y judío

Narra el drama vital del autor, su dificultad de ser judío y alemán a un tiempo, la lucha por ser aceptado en una sociedad que lo rechazaba pero que a la vez sentía como suya. A lo largo del libro, Wassermann analiza ese conflicto, relacionándolo con otros aspectos sociales, históricos, culturales y religiosos de su época.

Un fragmento puede darnos idea del conflicto planteado en el texto: “Un no-alemán es imposible que se pueda formar una idea de la situación en que se encuentra un judío alemán. Judío alemán: tome usted estas dos palabras con todo énfasis. Tómelas usted como el despliegue final de un laborioso curso evolutivo. Con su doble amor y su lucha contra dos frentes, he sido empujado muy cerca de la cima de la desesperación. El alemán y el judío: he soñado una vez una parábola, pero no sé si la misma es comprensible. Yo puse las placas de dos espejos una contra la otra, y tuve una impresión como si las imágenes humanas contenidas y conservadas en ambos espejos debieran lacerarse mutuamente”.

Barcelona: Erasmus Ediciones. 2011. 203 páginas.

Traducción: Contanza Pelechá Vela.

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