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DOSSIER

La luz de Janucá en tiempos inciertos

Esther Benayoun de Benhamou

H ay algo tras la luz de la januquiyá que nos traslada mágicamente a nuestras más bellas ilusiones de infancia. Vacaciones escolares. Grandes reuniones familiares. Encendido público de un gran candelabro. Moneditas de chocolate. Vueltas infinitas del sevivón. Restos de sufganiá en el rostro, acompañado de sonrisas y risas.

Pasan los años y permanecen constantes la ilusión, la luz, la espera de milagros. Encendemos la primera velita y sabemos que, sea cual sea nuestro nivel de salud, nuestra petición diaria, nuestra ubicación geográfica, nuestra situación económica, en este momento de nuestras vidas somos un pueblo que existe gracias a múltiples milagros que se han concatenado por miles de años. Es prueba suficiente para tener la certeza de que cualquiera de las circunstancias puede cambiar para nuestro bien, y esto es así especialmente en tiempo de salvaciones como lo es el de Janucá.

Cuentan una historia acerca de un hombre que había estado hospitalizado por un período prolongado. A un cierto punto escribió una carta con una pregunta. Él notó que cada día en nuestras tefilot rezamos para que Hashem provea por todas nuestras necesidades. Se refiere a que estén cubiertas nuestras necesidades físicas y también nuestra habilidad emocional para pasar por los retos que encaramos. En este caso, ¿por qué hay tantas personas con el corazón triste o desesperadas? ¿Dónde está la fuerza que Hashem les dio? La respuesta es que Hashem sí les da la fuerza para perseverar, pero la da día por día. Todos tenemos la habilidad de ir día a día con alegría y serenidad. El problema es que pensamos demasiado en el futuro. Tenemos lo que necesitamos para hoy, pero nos preocupamos por el día de mañana. Estos pensamientos podrían perjudicarnos. Necesitamos vivir el presente. Trabajar para lograr nuestra habilidad para vivirlo (esta historia se extrajo del libro Living Emunah 2).

La luz de Janucá en tiempos inciertos

Queda claro que en la actualidad estamos muy cercanos a la llegada del Mashíaj. Muchos piensan seguir en su país de toda la vida y también muchos otros piensan en emigrar. Sucede que ambas decisiones son equitativamente difíciles. Una clave para atravesar esta era es ir día a día aprovechando la gota de emuná que Dios nos provee para cada jornada.

Las canciones judías de moda contienen mensajes claros de "No temer", “Todo es por el bien", "Solamente felicidad". Justamente estamos en tiempos en los cuales abunda el miedo y carece la fe. Es común la melancolía y requerimos más dosis de alegría. El pasado y el futuro aturden nuestro bello presente. Las preocupaciones nos ciegan de ver la luz que sí hay en nuestra vida. Un paisaje del Ávila con fondo de un cielo azul cielo y un sol esplendoroso se deja nublar porque nuestros ojos se encuentran turbios o desenfocados.

Sin embargo, por ejemplo, eventualidades como la carencia por unos días de una medicina que un yehudí puede necesitar de emergencia, lo cual puede movilizar a cientos de personas dentro y fuera del país, muestra una vez más el gran pueblo que somos. La tranquilidad que se siente luego de haber obtenido ese medicamento, aun sin ser para nosotros, recalca el amor entre unos y otros. La luz que se genera luego de este tipo de actos es resultado de Ahavat Israel (amor por el pueblo de Israel) y trae más luz para el mundo. Es luz luego de la oscuridad. Entonces, al volver a encender las velitas de Janucá dejamos de sentir miedo, angustia, dolor y solamente tenemos emuná, fortaleza y felicidad plena.

Ver ahora la ilusión de tus hijos o nietos, encender con ellos y quedarse cerca de esta bella luz –Ela lirotam bilvad, solo para mirarla– deteniendo los quehaceres por un buen rato, sabiendo que este momento se trata solo de ella, de ti, de tu familia, del rezo y teniendo la certeza de que tus tefilot y las de todo un pueblo serán respondidas para bien.

Hanerot Halalu anu madlikim, Encendemos estas velas por los milagros, las maravillas, las salvaciones y las batallas que realizaste para nuestros antepasados en aquellos días en esta época, a través de Tus santos sacerdotes. Durante los ocho días de Janucá estas velas son sagradas y no estamos autorizados para darles uso corriente, sino para contemplarlas y así poder expresar agradecimiento y alabanzas a Tu gran Nombre por Tus milagros, Tus maravillas y Tus salvaciones.

Sigamos convirtiendo la oscuridad en luz y los obstáculos en oportunidades.

¡Quiera Hashem que tengamos un precioso Janucá!

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