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La Torá: facetas inusuales

La Torá se considera el aporte más importante del Judaísmo a la civilización, ya que de ella derivan innumerables análisis y argumentos sobre los valores y el significado de la vida humana, además de datos históricos sobre el pueblo de Israel. Con motivo de Simjat Torá, vale la pena conocer algunos detalles e historias sorprendentes sobre el sustrato físico de la Torá: el pergamino o rollo en el que se ha escrito durante milenios

Redacción NMI

PINJÁS: LA SANCIÓN MORAL


Pinjás es uno de los personajes más interesantes de la Torá. Era nieto de Arón, es decir sobrino-nieto de Moisés. La parashá que se refiere a él (Bamidbar-Números 25:10 - 30:1) narra que en aquella época se desató una epidemia entre los israelitas que causó 24.000 muertos, y explica que la causa fue que habían sido seducidos por las creencias idólatras de los moabitas y midianitas. El colmo fue que un jefe de la tribu de Shimón, Zimri Ben Salú, “tomó para sí una mujer midianita ante los ojos de todo el pueblo”, lo que puede significar que incluso tuvo relaciones con ella en público. Iracundo, Pinjás los mató a ambos con una lanza, tras lo cual la plaga cesó.

La parashá continúa explicando que el enojo de Dios se aplacó por esta acción de Pinjás, y lo premió con un “pacto de paz”. Pinjás sería más tarde el tercer sumo sacerdote de Israel.

Según los eruditos talmúdicos, Pinjás “santificó el nombre de Dios”. Sin embargo, su acción violenta motivó un “castigo” simbólico: en todos los pergaminos de la Torá, en el versículo 25:11 de Bamidbar-Números, su nombre se escribe con una letra yud más pequeña de lo usual, y la palabra shalom de la frase brit shalom (pacto de paz) aparece con la letra vav cortada.

El “Comentario de la Torá Etz Jaim” explica que “el tipo de paz que uno alcanza al destruir a su oponente inevitablemente será una paz defectuosa e incompleta”. El Judaísmo no aprueba el asesinato, que está expresamente prohibido en los Diez Mandamientos, por lo cual Pinjás recibe una sanción moral en todos los ejemplares de la Torá.

EL PERGAMINO DE LA TORÁ MÁS ANTIGUO


Mauro Perani, profesor de hebreo en la Universidad de Bolonia en Italia, anunció en 2013 el redescubrimiento del rollo completo de la Torá más antiguo conocido. El pergamino forma parte de la colección de manuscritos hebreos de la biblioteca de esa casa de estudios.

Perani lo calificó como un “redescubrimiento” pues el ejemplar no se había perdido, sino que se pensaba erróneamente que databa del siglo XVII; al estudiarlo con detenimiento, el experto pudo fecharlo entre los años 1150 y 1225. Los pergaminos normalmente no alcanzan tanta antigüedad, pues debido a su continuo uso los rollos se desgastan y dejan de ser kasher según la ley judía; entonces deben descartarse en una guenizá, o enterrarse en un lugar especial de los cementerios.

La verdadera edad de la Torá de Bolonia pudo verificarse con un estudio de Carbono 14 efectuado en laboratorios italianos y estadounidenses. Además se empleó la paleografía, es decir el análisis de la propia escritura. Dos ejemplos son la letra péi, que antiguamente poseía una curva que dejó de usarse en el siglo XII, y la “corona” encima de la letra het, que se hizo más estilizada a partir de las indicaciones de Maimónides en su obra Mishné Torá, escrita alrededor de 1170. El estilo de escritura anterior a Maimónides se denomina “oriental”, y proviene de la tradición judía babilónica.

FRAGMENTOS QUEMADOS DE TORÁ, “DESENROLLADOS” DIGITALMENTE


En 1970, un equipo de arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Autoridad de Antigüedades de Israel hizo un sorprendente descubrimiento en Ein Gedi. Este sitio arqueológico, ubicado al oeste del Mar Muerto y cerca de Masada, estuvo habitado por judíos desde el siglo VIII a.e.c. hasta que resultó destruido por el fuego alrededor del año 600 de la era común.

Las excavaciones sacaron a la luz los restos del Arón Hakodesh (arca donde se guardan los rollos de la Torá) de la sinagoga de Ein Gedi, y adentro encontraron los restos carbonizados de varios pergaminos.

Durante las cuatro décadas siguientes no fue posible determinar qué estaba escrito en los pergaminos, ya que al tratar de desenrollarlos se habrían pulverizado. Un análisis de Carbono 14 logró fecharlos entre los siglos III y IV de la era común.

Finalmente, en 2015 un equipo encabezado por el investigador Brent Seales, de la Universidad de Kentucky, llevó a cabo un “escaneo y análisis geométrico” que reveló el contenido de los pergaminos quemados: los primeros ocho versos del libro de Levítico (Vayikrá). Se trata del texto bíblico más antiguo después de los célebres pergaminos del Mar Muerto.

Los investigadores explicaron el procedimiento en un estudio publicado en la revista Science Advances: emplearon un escáner de alta resolución que representó la estructura interna de los rollos en 3D, y luego los segmentaron digitalmente, “desenrollándolos” en forma virtual.

Pnina Shor, curadora de la Autoridad de Antigüedades de Israel, declaró: “Este descubrimiento nos dejó absolutamente pasmados. Las tecnologías más avanzadas han vuelto a la vida este tesoro cultural”.

LA TORÁ UTILIZABLE MÁS PEQUEÑA


Recientemente se ofreció en subasta, en un establecimiento especializado en “Judaica” de la ciudad de Nueva York, una pequeña gran obra de arte: un pergamino de la Torá de solo cinco centímetros de alto, que cumple con todos los requisitos halájicos para poder utilizarse.

Para facilitar su uso esta Torá viene con un estuche de plata, que además de proteger el pergamino tiene un vidrio de aumento. El rollo también puede extraerse si se desea emplear el yad que señala las palabras, pero en ese caso la mayoría de la gente necesitaría una lupa.

El precio estimado de salida fue de 100.000 dólares.

LA SAGA DE UNA TORÁ CHINA


No se sabe exactamente cómo llegó el Judaísmo a China, pero existen evidencias bien documentadas de la existencia de una kehilá en Kaifeng a partir del siglo XII. En 1642 la provincia fue asediada por un ejército rebelde, y el Río Amarillo fue desviado como acción defensiva; pero a consecuencia de ello se produjo una gran inundación que causó miles de muertos, y además destruyó la sinagoga con sus textos sagrados.

Posteriormente los fieles encargaron la escritura de nuevos ejemplares, que según los registros históricos ya estaban en uso para el año 1653.

Uno de esos pergaminos tiene una curiosa historia. Al parecer fue adquirido en 1851 por la Sociedad para Promover el Cristianismo entre los Judíos, con sede en Londres; esa organización lo vendió en 1929. En la década de 1950 fue vendido nuevamente, por un librero de Pensilvania, a un coleccionista de Oklahoma de nombre Thomas Harrison; pero para entonces, el origen de este ejemplar de la Torá se había diluido en el tiempo.

Cuando Harrison murió, en 1963, su colección pasó a la Biblioteca Bridwell, cuyo personal profesional se dio cuenta de que esta Torá era inusual; solicitaron colaboración a Michael Pollak, propietario de una editorial y experto autodidacta en temas de “Judaica”, quien quedó intrigado; él a su vez consultó a Menahem Schmelzer, librero del Seminario Teológico Judío, institución que cuenta con un ejemplar de Torá de Kaifeng.

Schmelzer identificó el estilo caligráfico del ejemplar de la colección Harrison como de origen judeo-chino. La evidencia definitiva fue el hallazgo en el pergamino de una marca yud-bet, el número 12 en guematría, que lo identifica como el duodécimo ejemplar de los 13 producidos en Kaifeng. La noticia llegó al New York Times en 1973.

El Séfer Torá número 12 de Kaifeng se expone raras veces al público, aunque en ocasiones se muestra a visitantes especiales, como grupos de descendientes de la kehilá de Kaifeng que han acudido especialmente desde China. También ha hecho giras por varios países, incluyendo el Vaticano.

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