VIDA RELIGIOSA

Las “tres semanas”, tiempo de reflexión

Esther Benayoun de Benhamou

L as “tres semanas”, que trascurren entre el 17 de Tamuz y Tishá BeAv, han sido históricamente días de desgracia y calamidad para el pueblo judío. Entre otras tragedias, durante este tiempo fueron destruidos tanto el primero como el segundo templo.

Estos días son denominados el período “entre las estrechuras” o “entre los días de angustia” (bein hametzarim), de acuerdo al versículo: “Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras” (Lamentaciones 1:3)

Durante este lapso, toda la nación judía observa varios aspectos de duelo: minimizamos la alegría y la celebración —no se hacen bodas, no se escucha música, no nos cortamos el pelo ni la barba—. Las expresiones de duelo se intensifican a medida que nos acercamos a Tishá BeAv.

Dado que el atributo del juicio divino (din) se siente con mucha intensidad, evitamos riesgos potenciales y actividades riesgosas.

En shabat, durante las tres semanas, las haftarot que se leen corresponden a capítulos de los profetas Isaías y Jeremías, que hablan de la destrucción del templo y el exilio del pueblo judío. El objetivo de entristecernos por estos eventos es ayudarnos a superar las deficiencias espirituales que los causaron. Durante todo el proceso de teshuvá (introspección y compromiso a mejorar) tenemos el poder de trasformar la tragedia en alegría. De hecho, el Talmud dice que después de la redención futura de Israel y la reconstrucción del templo, estas fechas continuarán siendo observadas, pero como días de alegría y festividad.

Durante este período, disminuimos la extensión de nuestro regocijo. Es una costumbre no recitar la bendición Shejeyanu (agradecimiento por haber llegado a esta fecha). Por ende, no estrenamos ropa ni comemos frutas que no hayamos comido en la estación, para que no se requiera recitar esa bendición. No obstante, si se da la oportunidad de cumplir una mitzvá que tendrá lugar, como por ejemplo una circuncisión o un pidyón habén, entonces sí se recita Shejeyanu.

Del mismo modo, si un nuevo fruto está disponible durante las tres semanas y quizá no vaya a estar disponible posteriormente, entonces también se recita Shejeyanu. Como es costumbre permitir recitar la bendición en shabat, es preferible preservar la fruta hasta shabat. Pero si una mujer embarazada tiene el deseo de una nueva fruta, o una persona enferma la necesita para su salud, puede decir Shejeyanu durante las tres semanas.

Por otra parte, es costumbre ser aún más cuidadoso de lo habitual en lo que respecta a evitar situaciones peligrosas. Las personas piadosas se enfocan en reflexionar y estar de duelo por la destrucción de ambos templos.

Las tres semanas han de ser un tiempo para incrementar la caridad y el estudio de Torá (en relación con el versículo de Isaías 1:27: “Sión debe ser redimido mediante la ley, y sus retornantes por medio de la caridad”), particularmente el estudio de aquellas porciones que tratan sobre las leyes y el profundo significado del sagrado templo.

El 17 de Tamuz

El comienzo del período de tres semanas de duelo es el 17 de Tamuz, día de ayuno que conmemora la caída de Jerusalén antes de la destrucción del sagrado templo. En el 17 de Tamuz no se puede comer ni beber desde el alba hasta el anochecer. Sin embargo, como este año cae en shabat (23 de julio), el ayuno tendrá lugar el domingo 24 entre las 5 am y hasta el atardecer. (Tishá BeAv también caerá en shabat, por lo cual el ayuno correspondiente se iniciará al anochecer del sábado 13 de agosto).


Cinco grandes catástrofes para el pueblo judío ocurrieron el 17 de Tamuz:

1. Moisés rompió las tablas en el Monte Sinaí en respuesta al pecado del becerro de oro.

2. Las ofrendas diarias del primer templo fueron suspendidas durante el sitio de Jerusalén, cuando los cohanim ya no pudieron conseguir animales.

3. Las paredes de Jerusalén fueron quebrantadas antes de la destrucción del segundo templo en el año 70 ec.

4. Previo a la gran revuelta, el general romano Apostamos incendió un rollo de Torá, sentando un precedente para la terrible quema de libros de Judaísmo durante los siglos de la dispersión.

5. Se ubicó una imagen idólatra en el santuario del templo, un descarado acto de blasfemia.

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