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Sami Rozenbaum

Y a hace más de un mes que Arabia Saudita y otros países sunitas rompieron relaciones diplomáticas con Catar, cerrando su única frontera terrestre y bloqueando su comercio con ese pequeño pero rico emirato, tras acusarlo de apoyar a varios grupos terroristas vinculados con Irán.

Posteriormente, como informa The Times of Israel, la “liga” sunita publicó una serie de 13 condiciones para romper el bloqueo; una de ellas es el cierre del canal de noticias catarí Al Jazeera. Pero Zeid Raad al-Hussein, jefe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, advirtió que tal exigencia constituye un “ataque inaceptable al derecho de la libertad de expresión y opinión”.

Entonces el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash, descubrió que el antisemitismo es malo.

En una carta a al-Hussein, suscrita por el Consejo de Medios de los EAU, Gargash explicó que Al Jazeera “promueve la violencia antisemita al trasmitir sermones del líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, Yusuf al-Qaradawi, quien alaba a Hitler, describe el Holocausto como un castigo divino, y llama a Alá a ‘agarrar a esos opresores judíos sionistas y matarlos, hasta que no quede ni uno solo’”.

El documento también menciona que Al Jazeera ha trasmitido discursos de Osama bin Laden, el líder histórico de al-Qaeda, movimiento que los hoy acusadores financiaron antes de que cayera en desgracia.

Las críticas a Al Jazeera están plenamente justificadas, ya que la emisión en árabe de ese canal es muy distinta a la mesurada y aparentemente equilibrada versión en inglés. Pero Al Jazeera viene actuando así desde sus inicios, aunque Arabia Saudita y sus aliados solo lo están descubriendo ahora. Bueno, se les agradece su denuncia y ojalá pronto ayuden a Israel a hacer hasbará.


Alan Gross, el subcontratista de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos que pasó cinco años preso en Cuba, acaba de hacer aliá.

Como informa una entrevista publicada en The Jerusalem Post, Gross, de 68 años, “había estado en Israel probablemente 60 veces antes. La primera vez fue cuando tenía 28 años, mi esposa y yo dirigimos el viaje de un grupo de adolescentes de la Organización Juvenil de B’nai B’rith. Eso realmente me inspiró”. Posteriormente, tras los Acuerdos de Oslo de 1993, trabajó para la ADI en proyectos de desarrollo económico conjunto israelí-palestino en Cisjordania.

En 2009, cuando lo arrestaron en La Habana, Gross estaba ayudando a instalar un acceso a internet para la comunidad judía local. Solo 14 meses después fue acusado, según la legislación local, como “una amenaza para la integridad o independencia del Estado”.

Debido a la mala alimentación, perdió varios dientes durante su estadía en prisión. Fue liberado en diciembre de 2014 como parte de los acuerdos entre el presidente Obama y Raúl Castro, cuando EEUU liberó a su vez a varios prisioneros cubanos.

Otra consecuencia negativa de su experiencia es que los medios informaron, incorrectamente, que había sido detenido por espionaje. Ahora eso le impide continuar trabajando en la Agencia para el Desarrollo Internacional: “En los países donde podría trabajar, que son mercados emergentes, la gente me miraría con sospecha. Yo no soy, nunca fui y nunca seré un espía. Pero la suspicacia elimina mis posibilidades de ganarme la confianza del cliente”.

Así que ahora se dedica a disfrutar de Tel Aviv, y de visitar a una hija que vive en Jerusalén. Alan Gross es libre y feliz.

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