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Leer para Creer

Sami Rozenbaum

C omo ahora se sabe, Barcelona pudo haber sufrido una serie de atentados terroristas mucho más mortíferos que el ocurrido el 17 de agosto en Las Ramblas, de no ser porque los explosivos que la célula islamista estaba preparando estallaron mientras los elaboraban.

Pero como destaca el diario madrileño El Mundo, las autoridades españolas mostraron —nuevamente— lo mal preparados que están los países europeos para lidiar con el terrorismo.

Todo indica que el cerebro de la célula yijadista era un clérigo musulmán nacido en Marruecos, Abdelbaki es-Satty de 44 años de edad, quien fungía como imán de la mezquita de la localidad de Ripoll. Este individuo había estado dos veces en prisión en España, la segunda de ellas nada menos que por tráfico de drogas. En abril de 2014 salió libre y se emitió una orden de expulsión del país, pero sus abogados presentaron dos recursos; el segundo prosperó, y es-Satty pudo permanecer legalmente en España; encima de ello, sus abogados solicitaron que se le diera asilo; El Mundo no aclara si finalmente se le otorgó.

Lo peor es que es-Satty no solo viajaba libremente por España, sino que tenía derecho a hacerlo por toda la Unión Europea; de hecho, hace poco estuvo en Bélgica, donde no se le hizo seguimiento alguno porque no estaba fichado por la policía a pesar de que era un ex convicto por narcotráfico. El diario puntualiza: “Expertos de la lucha antiyijadista sostienen que el posteriormente erigido como imán de la localidad de Ripoll debería haber sido al menos controlado, por el mero hecho de haber pasado por prisión”.

El reportaje también revela que el clérigo tuvo una relación “de gran fluidez” con los musulmanes de la cárcel en la que estuvo, y allí “estableció una estrecha relación con un individuo investigado como cómplice en los atentados del 11-M” (el de la estación de trenes de Atocha, Madrid, en 2004).

Así que es-Satty pudo buscar tranquilamente un sitio para preparar los ataques terroristas múltiples más mortíferos en la historia de España: la vivienda de Alcanar (Tarragona) cercana a la cárcel donde había estado, “Castellón I”. Afortunadamente, mientras preparaban el explosivo llamado en el argot terrorista “Madre de Satán” (contaban con 120 bombonas de gas butano, 500 litros de acetona y otros productos, lo que da una idea de la magnitud de lo que tenían en mente), este estalló con tal fuerza que prácticamente demolió la casa, matando a es-Satty y, aparentemente, a otro de los terroristas. Por ello, los demás miembros de la célula optaron por improvisar los arrollamientos masivos, combinados con apuñalamientos, en Las Ramblas y Cambrils.

Si los españoles aplicaran al menos parte de los protocolos que emplea Israel para prevenir el terrorismo, sobre todo el control de los lugares más concurridos para evitar arrollamientos, ni siquiera habría sucedido la tragedia de Las Ramblas. Pero resulta todavía más imperdonable que una persona con orden de expulsión del país, que estuvo en prisión y con una “estrecha relación” con un presunto cómplice del acto terrorista de Atocha, hubiese llegado a ser “líder espiritual” y actuar con entera libertad para preparar lo que pudo ser una verdadera catástrofe.

Por cierto, obsérvese cómo las “técnicas” del terror que ensayan los palestinos en Israel se exportan luego al resto del mundo: décadas atrás era el secuestro de aviones; ahora los apuñalamientos y arrollamientos son las formas preferidas de atentar contra Occidente (pocos días después de Barcelona ocurrió en Alemania, Finlandia y Rusia); también el uso de clavos y otros elementos como metralla, para maximizar los efectos de las explosiones.


S iguiendo con el tema del extremismo islámico, este tiene varios grados: hace una semana, por primera vez, un yijadista se hizo estallar cerca de la frontera de Gaza con el Sinaí egipcio matando a un guardia de Hamás, informa Israel Hayom.

Un vocero de Hamás –clasificado como grupo terrorista por la mayoría de los países occidentales– informó el 17 de agosto: “Temprano esta mañana, fuerzas de seguridad detuvieron a dos hombres que se aproximaban a la frontera sur. Uno de ellos se hizo estallar y murió; el otro resultó herido”. Más tarde, una fuente médica confirmó que un miembro de las fuerzas de seguridad de Hamás había muerto en el ataque. Esta es la primera vez, que se sepa, que un terrorista suicida mata deliberadamente a un miembro de Hamás.

El gobierno de Gaza patrulla su frontera con Egipto, con el fin declarado de evitar el flujo de extremistas entre la Franja y el Sinaí, donde células afiliadas a ISIS han estado combatiendo a las tropas egipcias. Para esos grupos y otros dentro de la propia Gaza (como los simpatizantes de al-Qaeda y otros salafistas), Hamás es demasiado poco radical. Imagínese usted.

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