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OPINIÓN

Mi experiencia en AIPAC

Andrea Toledano*

N unca sé cómo explicar mis raíces. Como cualquier escritora —y es mi ilusión lograr serlo— jamás daré una respuesta simple a la cuestión de la pertenencia. Nací en Venezuela, con herencia e influencias latina y europea, pero llevo viviendo en Miami desde los tres años de edad y por tanto tengo ciudadanía norteamericana.

Me he cuestionado muchos aspectos de la vida, pero lo que tengo claro es mi pertenencia judía. Asistir a una conferencia de AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí) me ha reafirmado esa forma de sentir.

AIPAC me demostró lo importante que es la estabilidad en las relaciones internacionales, y con esa finalidad busca maneras de mejorar y perfeccionar las relaciones, no solo entre Israel y Estados Unidos sino las de Israel con el mundo en general. Es una organización genial, que me confirmó que estudio la carrera correcta: Ciencias Políticas e Internacionales.

En la conferencia conocí a tanta gente increíble, todos unidos por una causa e intereses comunes. Más de 18.000 personas asistieron este año, con variedad de presentaciones adaptadas a los intereses de cada quién.

Por vía satélite escuché la participación del primer ministro Benjamín Netanyahu, quien agradeció al liderazgo de AIPAC por su gran apoyo a Israel, especialmente el año pasado durante el debate sobre el tratado nuclear con Irán. Criticó a las Naciones Unidas por condenar siempre a Israel, pero destacó que hoy en día el Estado judío mantiene relaciones diplomáticas con 161 países, la mayor cantidad de la historia.

Varios políticos, tanto demócratas como republicanos, hablaron en torno a su posición frente a Israel, sobre las relaciones de Israel con sus vecinos, de sus avances científicos, su comercio. Lo más espectacular fue que, sin importar las diferencias políticas, gente de diversas religiones se unió por Israel, alimentando la relación que tiene con Estados Unidos.

Los días fueron muy productivos. Tuve la suerte de ser invitada, y espero involucrarme más de ahora en adelante. Llegué a ver a Hillary Clinton en persona; no fui al debate republicano porque Donald Trump me entristece, y no soy la única. AIPAC lo invitó cordialmente, pero tuvo que condenar sus declaraciones. Vivo en un país democrático, orgulloso de sus valores, y no tolero que Donald Trump haya llegado tan lejos en su campaña con un discurso xenófobo y violento. Aparte de Trump, todos los conferencistas fueron muy respetuosos.

Entre tantas charlas interesantes, asistí a una sobre la posición geopolítica de Israel y las excelentes condiciones en las que viven sus habitantes, considerando el caos del Medio Oriente y cómo viven sus vecinos. Otra charla que llamó mi atención informaba sobre la gran cantidad de israelíes que invierten y hacen negocios en Estados Unidos.

Lo que me hizo sentir más orgullosa fue formar parte de una comunidad que no está limitada geográficamente. Había judíos de los 50 estados de EEUU y de diferentes partes del mundo. Aunque el evento apenas duró unos días, estoy segura de que se crearon muchas amistades que trascenderán.

*Estudiante de Ciencias Políticas en el área de Educación, Florida International University

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