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VIDA RELIGIOSA

Por: Rabino Chaim Raitport

Modestia, la manera judía de vivir

P asi al inicio del libro de oraciones está impreso un pasaje que corresponde a la lectura de la Torá de esta semana. La Torá menciona cómo Bilám, un no-judío con facultades espirituales, trató de maldecir al pueblo judío. Cada vez que lo intentaba, Dios lo obligaba a bendecirlos.

Ello sucedió dos veces. A la tercera ocasión, la situación fue diferente. Bilám, de pie sobre una colina con vista al campamento de Benei Israel, se sometió a un cambio temporal de sentimientos. Él tomó la iniciativa y los bendijo: “Ma Tovú Ohaléja Yaakóv” (Qué buenas son tus tiendas, Jacob... Son como jardines junto al río, como hierbas aromáticas plantadas por Dios”).

El comentario de Rashí explica por qué Bilám se conmovió tanto. De la forma en que estaban ubicadas, se podía percibir una atmósfera de modestia y privacidad; de la entrada de una tienda, no podía verse la entrada de las otras. Estaba claro para Bilám que en el pueblo judío había un gran respeto por la integridad de la vida familiar y por la santidad de las personas.

Las primeras palabras de la bendición de Bilám fueron incorporadas al libro de oraciones, y se han repetido diariamente desde hace miles de años por los judíos en todo el mundo. Los valores expresados en estas palabras han contribuido, junto con muchos otros aspectos del Judaísmo, al comparativamente alto nivel de estabilidad en la vida familiar judía. El ideal de la modestia aplica tanto a hombres como a mujeres, se relaciona con la vestimenta, el comportamiento, el vocabulario y el pensamiento.

¿Por qué se considera tan importante en la vida judía la modestia? Una percepción humana básica es la idea de que algo santo también es algo especial; es mantenido separado, reservado, incluso oculto. Por ejemplo, debido a la santidad del templo, uno no debía siempre ir allí. Algunas áreas del Beit Hamikdash estaban restringidas para los cohanim (sacerdotes). Al santo de los santos, lugar más sagrado de la edificación, únicamente se podía acceder una vez al año, en Yom Kipur. Solo el cohén gadól (sumo sacerdote) podía hacerlo.

Del mismo modo, un rollo de la Torá se mantiene generalmente oculto. Se conserva envuelto en su manto en el arca, a menos que se esté leyendo de él, en la sinagoga. Si por alguna razón tiene que ser llevado de un lugar a otro, por lo general es envuelto en un talit. Lo descrito sugiere formas en que se podría respetar la santidad del cuerpo humano, creado a imagen de Dios, con la tarea de hacer del mundo una morada para la divinidad.

Hoy vivimos en la era de la comunicación, un aspecto muy positivo para nuestra sociedad. Sin embargo, la comunicación debe tener límites. La idea de que uno puede revelar todo y decir cualquier cosa puede ser de gran valor en situaciones apropiadas. Sin embargo, si se utiliza imprudentemente, puede ser perjudicial para la santidad intrínseca del ser humano y de este mundo material.

Es un hecho: la modestia está en riesgo, especialmente cuando las personas se encuentran en un estado de ánimo más relajado y se está menos atento. Fue la modestia expresada por las tiendas de los hijos de Israel lo que impresionó a Bilám, y trasformó su deseo de maldecirlos en la necesidad de bendecirlos.

Nuestro papel como judíos es servir de ejemplo a las naciones. Desde hace miles de años, la Torá nos describe como la expresión de las virtudes, de la modestia y la privacidad. A través de la afirmación de estos valores podemos ayudar a hacer un mundo en el que cada detalle de la vida es iluminado por el resplandor de Dios.

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