Turquía acaba de completar una muralla fronteriza con Siria, expresamente destinada a impedir el flujo de refugiados por su frontera oriental. Lo peor de todo, como señala el portal www.defendevropa.org, es que la Unión Europea, uno de los proponentes más ruidosos de la ideología “puentes, no fronteras”, contribuyó con nada menos que 80 millones de euros para la construcción de la sólida barrera.

El muro mide más de 750 kilómetros de largo por tres metros de alto, y está equipado con numerosos dispositivos electrónicos, incluyendo cámaras infrarrojas.

Cabe mencionar que la longitud de esta maciza muralla es similar a la de la cerca que Israel tuvo que construir para separarse de Cisjordania (y que solo en algunas secciones asume la forma de muro), para impedir los ataques terroristas que en la década pasada habían causado más de mil muertos en autobuses, pizzerías, discotecas y las calles de todo el país.

Para la Unión Europea, algunas barreras limítrofes son malas y otras son buenas. Muralla levantada por Turquía en su frontera con Siria (foto: Der Spiegel)

En este caso, lo que los turcos quieren impedir es que lleguen más refugiados que huyen del caos de la guerra civil siria, dos millones de los cuales atravesaron esa frontera desde 2011. Aunque obviamente pueden infiltrarse terroristas entre esos refugiados, no debe olvidarse que son tan musulmanes como los turcos, cuyo ejército, sin embargo, no ha tenido los menores escrúpulos para dispararles en forma rutinaria.

Qué situación tan interesante. La Unión Europea condenó a Israel por su “respuesta desproporcionada” contra los palestinos de Gaza, que trataban de infiltrarse en su territorio con el expreso objetivo de asesinar israelíes; la mayor parte de los que murieron en esos episodios eran terroristas de Hamás y la Yijad Islámica, como esos mismos grupos reconocieron. La misma Unión Europea ha criticado al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, quien ordenó levantar una cerca fronteriza para que no puedan entrar inmigrantes ilegales. Pero esa misma Unión Europea, con su hermosa bandera azul con estrellas blancas, no solo aprueba, sino que financia con una suma exorbitante la construcción de una muralla en Turquía. Cosas de la diplomacia.

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Como se sabe, Estados Unidos se acaba de retirar del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del que la embajadora de ese país en el organismo, Nikki Haley, afirmó que “es una organización que no merece su nombre”.

En esos mismos días, Hillel Neuer, director de la organización no gubernamental UN Watch —que monitorea las actividades de la ONU con respecto a los derechos humanos— escribió un tuit muy significativo:

“Acabo de testificar ante el Consejo de DDHH, y pregunté:

  • ¿Por qué Siria encabeza ahora el grupo sobre desarme?
  • ¿Por qué Irán está en el grupo sobre derechos de la mujer?
  • ¿Por qué Arabia Saudita está en este Consejo, y en tres distintos grupos sobre derechos de la mujer?
  • ¿Por qué Turquía está en el Comité de ONG?
  • ¿Por qué Ziegler, fundador del ‘Premio Gadafi’, forma parte de este Consejo de DD. HH.?”

 

Neuer —quien por cierto acaba de recibir un doctorado honorario por la universidad canadiense de McGill— no dijo qué le respondieron. ¿Resulta necesario?

 

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En el último día del Ramadán, miles de personas marcharon por las calles de Teherán para conmemorar lo que el régimen de los ayatolas llama el “Día de Quds” (Día de Jerusalén), una fecha dedicada a protestar contra Israel. Pero ese mismo día, miles de iraníes participaron en una campaña en Twitter en apoyo al Estado judío, como informa The Times of Israel.

El Ministerio de Relaciones Exteriores israelí lleva a cabo un esfuerzo de diplomacia pública a través de las redes sociales en lengua persa, programa a cargo de Sharona Avginsaz, quien es de origen iraní. “Varios usuarios iraníes nos informaron que intentaban causar una controversia en el Día de Quds con una etiqueta viral en apoyo a Israel, para demostrar que el pueblo de Irán no apoya al régimen ni su odio antiisraelí”, dice. Así, lanzaron la etiqueta #WeStandWithIsrael (“Estamos con Israel”), cuya respuesta fue entusiasta: hubo decenas de miles de tuits a favor de Israel.

Según Avginsaz, la cuenta de Twitter “Israel en persa” está creciendo y ya alcanza a más de un millón y medio de personas, tanto dentro como fuera de Irán. Twitter está prohibido en ese país, pero muchos iraníes se las arreglan para traspasar la barrera digital, lo que representa un acto muy valiente dada la crueldad represiva del régimen de los ayatolas.

Algunos de los tuits más llamativos:

 

“Como ciudadano iraní nunca he visto a un palestino expresar amistad hacia el pueblo de Irán, pero ciudadanos israelíes han enviado muchas veces mensajes de amor. El pueblo israelí sabe que el verdadero pueblo de Irán no es hostil hacia ustedes” (@dadaj_kayko).

 

“Nuestra historia está entretejida. Nuestros valores tienen las mismas raíces. La Biblia fue compilada en su forma definitiva bajo el patronazgo del Imperio Persa Aqueménida, y el Talmud de Babilonia bajo el Imperio Persa Sasánida. Somos hermanos” (@Borzumehr).

 

“La verdad es que no tenemos el menor problema con ustedes. El pueblo de Irán es diferente al régimen de Irán” (@belattakliff)

 

Antes de la revolución islámica de 1979, Irán e Israel eran aliados cercanos. Según Avginsaz, “muchos iraníes recuerdan aún las buenas relaciones entre nuestros países”. Con frecuencia veían a Israel como un aliado potencial en el Medio Oriente, pues se trata de dos países no árabes en una región predominantemente árabe.

 

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En una nota de última hora, el portal The Jewish Press informa que el presidente de Polonia, Mateusz Morawiecki, informó el 27 de junio que solicitará que la Cámara Baja del Parlamento de su país retire la pena de prisión de la ley que ha sido despectivamente llamada “de los campos de la muerte polacos”. Eso significa que ya sería legal mencionar esa frase en territorio de Polonia. Es un avance; aunque en efecto los campos fueron construidos por los nazis, no se puede ocultar la historia el antisemitismo y colaboracionismo de muchos polacos durante el Holocausto.

Soldados alemanes y civiles polacos se divierten cortándole la barba a un judío en plena calle. Lodz, Polonia, circa 1940 (foto: Museo del Holocausto, Washington)

 

 

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