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OPINIÓN

Razones del distanciamiento entre los israelíes y los judíos de EEUU

Evelyn Gordon*

L a Liga Antidifamación (ADL) lanzó una encuesta verdaderamente impactante sobre la opinión israelí la semana pasada. No lo adivinarías leyendo los titulares de los periódicos, que trataban sobre divisiones de hace décadas en la sociedad israelí. Pero aquí está la parte sorprendente: más de un quinto de los encuestados acusó a los judíos de la diáspora de contribuir a esas divisiones sociales.

Mientras que algunas minorías israelíes podrían decir esto de manera verosímil (judíos ultraortodoxos molestos por la presión judía estadounidense a favor del pluralismo religioso, izquierdistas radicales molestos por el apoyo judío estadounidense a Israel), es difícil ver a esas minorías por sí solas sumando el 21% de los encuestados. Pero ¿por qué cualquier israelí, que tradicionalmente ha sido agradecido por el apoyo político y financiero de la diáspora judía a Israel, ahora siente que la comunidad judía en el extranjero se ha convertido en un factor negativo, una fuerza que contribuye a las divisiones sociales?

Si tuviera que responder esto en tres palabras, diría que es el New Israel Fund (en hebreo Keren Hajadashá LeIsrael). Pero el NIF no es más que la cara más visible de un problema más profundo, como demuestra otro impactante sondeo publicado el mes pasado: la mayoría de los judíos estadounidenses coinciden cada vez más con los enemigos de Israel sobre temas que muchos israelíes consideran fundamentales para el bienestar de su país.

La encuesta en cuestión, realizada por el American Jewish Committee, analizó la opinión judía estadounidense. Pero dos preguntas fueron notables. La primera inquirió a los encuestados qué pensaban acerca de la mudanza de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. El apoyo a esta mudanza solía ser una posición judía estadounidense dominante. Sin embargo, en esta encuesta, solo el 16% de los entrevistados estuvo a favor de mudarla de inmediato. Aún más sorprendente, solo otro 36% apoyó mudarla “en una fecha posterior junto con el progreso en las conversaciones de paz entre Israel y Palestina”. Un total de 44% dijo que no quería que la embajada se mudara, punto.

La mayoría de los israelíes quiere el reconocimiento internacional de Jerusalén como su capital. Los palestinos, por el contrario, se oponen abrumadoramente. Así que, en un problema en el que los israelíes y los palestinos están en clara contradicción, los judíos estadounidenses optaron mayoritariamente por ponerse del lado de los palestinos contra Israel. Casi la mitad no quiere que la embajada se moviera, y la mayoría del resto desea otorgar a los palestinos el poder de veto de facto sobre la mudanza, que es el verdadero significado de decir que debería suceder solo “junto con el progreso” en las conversaciones de paz. Y ni qué decir que estamos hablando del reconocimiento de la ciudad más sagrada del Judaísmo —el foco de las oraciones judías durante miles de años— como capital de Israel. No es un asunto trivial.

La mayoría de los israelíes quiere el reconocimiento internacional de Jerusalén como su capital. Los palestinos, por el contrario, se oponen abrumadoramente. Así que, en un problema en el que los israelíes y los palestinos están en clara contradicción, los judíos estadounidenses optaron mayoritariamente por ponerse del lado de los palestinos contra Israel

Esta misma división se hizo evidente en una pregunta sobre el establecimiento de un Estado palestino. El 55% de los encuestados de la AJC dijeron que están a favor de establecer un Estado palestino “en la situación actual”. Solo el 40% se opuso.

En la “situación actual”, que nadie lo olvide, los palestinos se niegan rotundamente a reconocer a Israel como Estado judío, y no abandonan su exigencia de reubicar a millones de palestinos en Israel; en la que todos los partidos, incluyendo el supuestamente “moderado” al-Fatah de Mahmud Abbas, que incita al terror antiisraelí, paga sueldos generosos a los terroristas, y educa a sus hijos para odiar a Israel; en la que la mayoría de los palestinos dicen que su objetivo final no es un Estado palestino, sino la erradicación de Israel; y en la que Hamás, uno de los dos principales partidos palestinos, proclama abiertamente ese objetivo.

En consecuencia, como lo han demostrado las reiteradas encuestas, la mayoría de los israelíes cree que un Estado palestino en las actuales condiciones sería contrario a su bienestar. Lejos de traer la paz, creen que simplemente convertiría a Cisjordania en una base para el terrorismo antiisraelí, al igual que Gaza lo ha sido desde que Israel se retiró de ese territorio en 2005. Por lo tanto, en un tema en que se juega, literalmente, la vida y la muerte para los israelíes, la mayoría de los judíos estadounidenses se pusieron del lado de los palestinos contra los israelíes.

¿La mayoría de los israelíes están realmente familiarizados con los datos de esta encuesta? Por supuesto que no. Pero lo intuyen a partir del comportamiento de una de las organizaciones estadounidenses judías de más alto perfil en Israel: New Israel Fund.

El NIF se ha vuelto tóxico no solo para los derechistas israelíes, sino también para los centristas e incluso para la izquierda moderada. Como ejemplo tomemos Women Wage Peace, un grupo que busca movilizar a las mujeres israelíes y palestinas para presionar por la paz israelo-palestina. En una entrevista el mes pasado, sus fundadoras dijeron que decidieron dejar de aceptar dinero del NIF después de su primer año de funcionamiento, ya que querían ampliar su base más allá del apoyo incondicional de la izquierda, y la temida asociación con el NIF podría ahuyentar a los centristas que trataban de reclutar para su causa por la paz.

Tampoco se puede ver al NIF como una organización marginal. A diferencia, digamos, de la ampliamente condenada Jewish Voice for Peace, la legitimidad del NIF está dentro del grueso de la corriente de opinión judía estadounidense; el rabino Rick Jacobs, hoy presidente de la mayor denominación judía de Estados Unidos, el movimiento reformista, sirve en uno de sus comités de subvención. Y con donaciones anuales que superaron los 26 millones de dólares en 2016, de una larga lista de donantes, está claro que tiene una base de apoyo no despreciable. No está en el nivel financiero superior de las organizaciones judías estadounidenses, pero tampoco en el nivel inferior.

Dado todo esto, no sorprende que un número creciente de israelíes vean negativamente a los judíos de la diáspora. La única pregunta es si se puede hacer algo para cerrar esta brecha cada vez mayor, antes de que sea demasiado tarde.

*Periodista y comentarista. Trabaja en la edición en inglés de Haaretz y en la revista israelí Azure.

Fuente: Evelyncgordon.com. Versión NMI.

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Véalo en The Times of Israel: http://bit.ly/2gZg73E

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Léalo en Noticias de Israel: http://bit.ly/2A39K3N

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