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Reconstruyendo nuestro propio Beit Hamikdash 

ESPECIAL

Dentro del período que se inicia el 17 de Tamuz y que culmina con el ayuno del 9 de Av, el calendario judío se torna gris y triste recordando las peores tragedias ocurridas durante estas fechas en toda nuestra historia. Este período se conoce como las tres semanas dentro de las que se nos insta a abstenernos de celebraciones y a bajar el tono de las alegrías que nos pueden proporcionar determinadas situaciones. 

No en vano y justamente en este tiempo, el Am Israel ha vivido en el desarrollo de su historia las peores tragedias, calamidades, y duelos privados y comunes que lamentablemente no cesan con el tiempo. 

Es por esto que en todas nuestras plegarias pedimos a Dios bendito que envíe al Mashíaj para la gueulá personal y en conjunto de todos nosotros. Así experimentaremos el cese de tantos sufrimientos y del galut que nos lleva de un lado a otro del mundo, sin poder asentarnos en un solo sitio, sintiendo la zozobra e inquietud constantes, y en especial ese sentimiento de incertidumbre que no nos deja pensar con claridad en soluciones, que solo de la mano de Dios podremos alcanzar. 

Pero lejos de apesadumbrarnos y de adoptar una actitud pasiva y derrotista ante las situaciones difíciles que evocamos como pueblo en estos días, debemos resurgir de nuestras propias cenizas y aprovechar estos momentos en que la oscuridad se impone. Contrarrestémoslas simplemente con buenas acciones y con tener una actitud positiva y alegre al momento de cumplir con la voluntad de Hashem. 

Lejos de estancarnos en la idea de la destrucción de la casa de Dios, donde Su presencia residía constantemente, dándonos consuelo y apoyo en todo momento, debemos concentrar nuestras fuerzas e ideas en reconstruir y darle un vuelco positivo a esa disminución de la alegría a la cual nos sometemos en estos días de luto obligado contemplado en nuestra halajá. 

Se dice que desde que comienza el mes de Av nos vemos obligados a disminuir nuestra alegría y es aquí precisamente donde debemos realizar un profundo esfuerzo interno y tratar de convertir todas esas energías negativas en positivas a través del jesed (ayuda al prójimo). Esa puede ser la medida principal para contrarrestar ese odio gratuito que nos caracterizó en el momento de la destrucción del segundo Templo por el que, hasta nuestros días, no hemos hecho suficientes méritos para volver a gozar de la presencia de Dios de manera evidente en este mundo material, cada vez más confuso y difícil. 

Existe un relato que cuenta que cuando nuestro Beit Hamikdash ardía y se destruía, los cohanim (sacerdotes del Templo) lloraron y con lágrimas en los ojos dijeron: ¨Hashem, nosotros no fuimos servidores fieles, mira a lo que hemos llegado, por lo tanto Te entregamos las llaves del Beit Hamikdash, para que Tú las recojas”; y en ese preciso momento lanzaron las llaves hacia arriba y del cielo bajo una mano y las agarro. Ahora bien, ¿qué representa esta mano? Los jajamim nos instruyen que esta mano simboliza el Jesed que debemos practicar constantemente con nuestro prójimo no solo en la parte material, en las acciones, sino también en los pensamientos, en las  palabras, y sobre todo en la ayuda que podamos suministrarle para abrirse camino en el mundo de la Torá y de las mitzvot. 

En conclusión, debemos mantener una visión optimista dentro del duelo y las peores tragedias ocurridas, que caracterizan a estos días, y hacer hincapié en reconstruir, basados en la alegría que se experimenta al cumplir con las mitzvot y en especial al practicar jesed con nuestros compañeros, con todo yehudí que necesite de nuestra ayuda, de nuestra palabra y de nuestra tefilá por el…. 

Vivamos estos días con la alegría de pertenecer al Am Israel, de cumplir las mitzvot y llevar a cabo actos de bien para transformar y cambiar toda esta energía negativa, en positiva. Así atraeremos con nuestros actos la tan anhelada y ansiada gueulá que traiga al Mashíaj y la culminación de nuestros sufrimientos, y que estas tres semanas se conviertan en días de júbilo y de alegrías por siempre… 

¡Amen Ve Amen! 

 

Rachel Chocrón de Benchimol 

 

PD: mi agradecimiento reiterado a mis queridas amigas y maestras Goldie Slavin y Deborah Sultán por trasmitirme los conceptos que comparto siempre con mis queridos lectores. Que Dios las bendiga siempre… Amén. 

 

 

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