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OPINIÓN

Resulta obvio que el movimiento BDS no quiere la paz; nosotros sí

Alcee L. Hastings*

D esde que fui electo al Congreso de Estados Unidos he viajado a Israel 18 veces. Como ex presidente de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE-PA), y como representante de la Comisión de Helsinki de Estados Unidos (una agencia independiente estadounidense que promueve la democracia, los derechos humanos, la seguridad y la cooperación económica entre las 57 naciones de la OSCE), he tenido el privilegio de representar a Estados Unidos en Jordania, Egipto, Turquía y en todo el Medio Oriente, el Golfo, el Magreb y Europa.

Durante mis encuentros en el extranjero y mis visitas a los campamentos de refugiados en toda la región, el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS) ha sido un tema frecuente de discusión. El movimiento de boicot es un enfoque profundamente defectuoso para avanzar en la paz.

BDS busca deslegitimar a Israel al calificarlo de ilegítimo e inmoral. El movimiento culpa del conflicto israelí-palestino únicamente a Israel, evoca comparaciones con la segregación racial de Suráfrica, y hace un llamado a las universidades, empresas, celebridades y gobiernos de todo el mundo para que boicoteen todo lo israelí.

La falla fundamental de BDS es que basa sus acciones en ignorar los hechos, tanto actuales como históricos. El movimiento descarta miles de años de vínculos judíos con la tierra de Israel, y no menciona el terrorismo palestino ni las numerosas propuestas de paz ofrecidas por los sucesivos gobiernos israelíes. Al defender a los refugiados palestinos, BDS ignora a los más de un millón de refugiados judíos obligados a abandonar sus hogares en comunidades a lo largo de Medio Oriente después de la creación del Estado de Israel.

El movimiento BDS también camina una línea muy fina entre condenar a Israel, sus ciudadanos y los propios judíos. Con demasiada frecuencia, estas protestas se cruzan con el antisemitismo, conectando a los judíos globales con las políticas de Israel.

El movimiento BDS camina una línea muy fina entre condenar a Israel, sus ciudadanos y los propios judíos. Con demasiada frecuencia, estas protestas se cruzan con el antisemitismo

En el pasado, las protestas de BDS han tenido como objetivo sinagogas estadounidenses y europeas, así como las celebraciones religiosas en los campus universitarios. Estas son protestas contra la fe judía en sí misma, y nunca deben ser toleradas.

También estoy particularmente consciente de que los autoproclamados “logros” de BDS hacen poco, en todo caso, para mejorar la vida de los palestinos en Israel, Cisjordania o la Franja de Gaza. Forzar a músicos a suspender sus actuaciones en Israel, o a las universidades estadounidenses a cancelar conferencias, no avanza el proceso de paz ni aborda ninguna de las prioridades enumeradas por el movimiento BDS. Más bien estas campañas alientan la intransigencia, lo que agrava aún más el conflicto político. BDS pretende aislar a las empresas israelíes y expulsar a Israel de organizaciones internacionales como las Naciones Unidas y la Federación Internacional de Fútbol (FIFA). Sin embargo, la economía de Israel está prosperando, y sigue siendo un socio global activo para las naciones de todo el mundo.

Comparto la opinión de que debe abordarse el conflicto israelo-palestino. La incapacidad para lograr una solución de dos Estados amenaza la seguridad y la identidad del Estado de Israel como la patria democrática del pueblo judío, al igual que impide el bienestar y la autodeterminación del pueblo palestino. Esto solo puede suceder cuando sus líderes decidan terminar el conflicto de una vez por todas.

Cuando, en 2008, el presidente palestino Mahmud Abbas rechazó de entrada una oferta israelí sin precedentes, que habría colocado a la Ciudad Vieja de Jerusalén bajo control internacional, otorgando a la Autoridad Palestina casi el 95% de Cisjordania además de intercambios territoriales adicionales, un vínculo seguro con la Franja de Gaza y un derecho limitado de retorno para refugiados palestinos, se demostró que Israel no tenía un socio con el que trabajar en la búsqueda de la paz. El movimiento BDS ignora esta realidad.

Criminalizar todos los aspectos de la sociedad israelí no logra nada. Para apoyar el verdadero progreso en la búsqueda de la paz, debemos alentar activamente el diálogo. Este año introduje en el Congreso el proyecto de resolución H.Res.393, que respalda el enfoque concurrente del proceso de paz, que alienta a los Estados árabes y de mayoría musulmana a mejorar sus relaciones bilaterales con Israel, mientras Israel y la Autoridad Palestina trabajan para hacer avanzar el proceso de paz. Aunque rara vez, o nunca, existen soluciones fáciles a desafíos tan complejos como lograr una paz duradera en el Medio Oriente, el Congreso de Estados Unidos debería alentar y apoyar a los Estados dispuestos a participar en ese esfuerzo.

*Representante demócrata por el estado de Florida en el Congreso de Estados Unidos

Fuente: The Times of Israel. Traducción NMI.

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Véalo en Hatzad Hashení: http://bit.ly/2gpX1mU

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Léalo en la agencia EFE: http://bit.ly/2yuHS9Y

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