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Rosh Hashaná: una visión diferente

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Todas las festividades del calendario judío que celebramos durante el transcurso del año conmemoran un evento específico dentro del plano judío, es decir representan un evento en especial.

Por ejemplo, Pésaj simboliza el paso de la esclavitud a la libertad; Purim nos relata la salvación del pueblo judío tras el decreto de exterminio que dictó Hamán Harasha, y asi sucesivamente con todas y cada una de nuestras festividades.

A pesar de la solemnidad que conlleva su celebración, Rosh Hashaná en particular simboliza un evento universal pues en ella evocamos a la creación del mundo, acontecida el 25 de Elul, y culminada con la creación del hombre, como obra inédita y sin parangón, pues es el hombre en exclusiva quien viene a cumplir una misión que le asignó Su Creador.

En Rosh Hashaná precisamente proclamamos a Dios como Amo del Mundo, como el Rey de Reyes, y lo coronamos como tal, una y otra vez, con nuestras plegarias y el sonido del Shofar, que viene a recordarnos quién conduce y rige los destinos del ser humano y de las naciones…

Son 48 horas cargadas de una fuerza espiritual sin comparación alguna, pues de estos dos días de celebración intensa dependerá el resto del año y lo que en el acontezca.

De allí viene dada la denominación de esta solemne festividad. Rosh Hashaná no es el comienzo del año sino, más aun, la cabeza del mismo. No existe nada arbitrario en un nombre dado por la lengua santa: las mismas letras que constituyen tal nombre revelan la naturaleza intrínseca de la entidad nombrada. El nombre del festival del año nuevo, Rosh Hashaná, literalmente significa no “inicio del año” sino “cabeza del año”. Es decir, la relación de Rosh Hashaná con los demás días del año es análoga a la relación de la cabeza con los demás órganos del cuerpo.

Toda acción, todo pensamiento, todo sentimiento, toda sensación percibida en estas 48 horas, será la pauta del resto del año y marcará de forma rotunda cualquier cosa que acontezca de allí en adelante.

Así como decimos coloquialmente que todo está en nuestra mente y en nuestra actitud, de esa misma forma todo lo que acumule y almacene nuestro cerebro y “la cabeza del año judío” será paralelamente lo que percibamos y sintamos desde entonces.

Con la misma intensidad y fuerza espiritual que la cabeza del año judío almacene información positiva durante las primeras 48 horas de “receteo”, así de positivas, placenteras y enriquecedoras serán las horas que continuaran a esa experiencia sensorial inicial.

Sin duda, todo lo anteriormente descrito repercute de forma directa en nuestro desempeño, en nuestras acciones, pensamientos y sensaciones dadas precisamente en el transcurso de esta solemne festividad.

Existen tres dimensiones en la relación entre la cabeza y el cuerpo. Primero, el cerebro controla el funcionamiento del cuerpo como un todo, al igual que el de sus órganos por separado. Segundo, la energía vital de todos los órganos se centra en el cerebro, cada uno de cuyos componentes está conectado a uno de los órganos. Finalmente, el cerebro es el asiento del poder del pensamiento, la más alta de las facultades humanas.

Al mismo tiempo, nuestras tefilot en Rosh Hashaná se caracterizan por paralelos espirituales con cada una de estas tres funciones físicas.

Primero, en Rosh Hashaná resolvemos progresar en todos los aspectos de nuestra observancia de la Tora, y las resoluciones tomadas en este momento influencian la calidad de nuestro compromiso con Hashem, en el resto del año.

Segundo, en Rosh Hashaná empezamos los diez días de teshuvá ( traducido usualmente como arrepentimiento o retorno a nuestras fuentes), Ya que teshuvá comprende todas las demás mitzvot, puede compensar las deficiencias en la observancia de cualquiera de las mitzvot.

Por último, el servicio divino de Rosh Hashaná involucra un nivel de conexión absoluta entre el hombre y Dios pues nuestros sabios enseñan que es en estas fechas solemnes cuando Hashem pide al hombre “aceptarme como Rey sobre ti”. Y de este reconocimiento emana toda la fuerza y grandiosidad de estas fechas tan marcadas dentro de nuestro calendario.

Mis queridos lectores: después de esta cátedra magistral y profunda, cedida como siempre por mi querida maestra Goldi Slavin, el mensaje es sencillo pero complejo a la vez.

Dejemos de lado por 48 horas continuas los temas político, social y económico que tanto nos afectan en la actualidad en los marcos tanto comunitario como nacional.

Coronemos con plena conciencia al Rey de Reyes como Amo Absoluto del mundo y de nuestra realidad tanto personal como global. Reconectémonos con nuestras fuentes (abandonando paradójicamente el celular por esas horas) y grabemos en nuestra mente que todo suceso es controlado y guiado por Sus manos, y de esta manera almacenemos en nuestro disco duro la fe, confianza y seguridad de que Dios nos protegerá, de que nada, nos faltará y que la tan anhelada yeshua que todos necesitamos vendrá dada por Él, desde el momento en que reconozcamos que nuestra ayuda vendrá de Dios, Hacedor del Cielo y de la Tierra, tal y como versa el salmo 121 de los tehilim del rey David.

¡Shaná tová umetuká para todos mis queridos lectores, para toda la kehilá de Venezuela y para todo Am Israel! Aprovechemos la fuerza espiritual de estos días, propongamos cambios a nivel personal y grupal, volvamos a nuestra fuente, a nuestra esencia y sigamos haciendo jesed y tzedaká, rompiendo las barreras de todos los obstáculos que nos agobian, y dejémosle el resto al Amo del mundo, que de seguro escuchará nuestras súplicas y tendremos un año de alegrías, de salud, de abundancia y de gozo, inmensamente proporcionales a todo lo acumulado en estas 48 horas determinantes para todo Am Israel.

¡Que este año marque el comienzo de una nueva etapa de paz, armonía, salud y abundancia para toda la kehilá de Venezuela y para todo Am Israel! Amen ve Amen.

Con sincero cariño para mis queridos lectores:

Rachel Chocrón de Benchimol

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