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Setenta años de Israel: felices y agradecidos

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A los 70 años de su fundación, el Estado de Israel sigue siendo un milagro de nuestros días, todos los días. El Tratado de los Padres dice que a los 70 años se entra en la etapa de la satisfacción y la sabiduría. Bien, a sus primeras siete décadas Israel es un Estado ejemplar. En ética, sabiduría, tecnología. Entre los primeros en calidad de vida, educación y desarrollo. Autosuficiente en las áreas vitales de la vida. Un crisol de diásporas, donde existen además los mejores centros de estudios religiosos y yeshivot.

Israel representa para nosotros el inicio de nuestra redención nacional, los días previos a la venida del Mesías. Los judíos hemos sido salvados de Egipto, de los imperios babilonio, persa, griego y romano. Hemos sufrido la Inquisición, y hace casi nada la Shoá. Episodios tristes y demoledores. En los inicios de este siglo XXI, el pueblo judío vive quizá la mejor época de su historia. Tiene el Estado judío; todo judío tiene la posibilidad de establecerse en Israel cuando quiera, sin problema alguno y con recepción de bienvenida. Sus aportes y su estatus son ampliamente reconocidos. Los judíos en casi todas partes del mundo pueden tener la frente en alto y la dignidad necesaria y suficiente. Ello es mucho decir, a pesar de la cotidianidad con la cual se vive.

El ideal sionista ha de seguir consolidándose, en un Estado que se apegue a sus valores y tradiciones también religiosas, desde un punto de vista incluyente. En eso está el pueblo judío

Israel sigue confrontado problemas serios. No se ha hecho realidad el sueño de vivir en paz. Muchos vecinos, y algunos más lejos, no reconocen el derecho de los judíos a un Estado. Otros amenazan con destruirlo. La sociedad israelí debe mejorar, y siempre debe aspirar a mayor justicia social. El ideal sionista ha de seguir consolidándose, en un Estado que se apegue a sus valores y tradiciones también religiosas, desde un punto de vista incluyente. En eso está el pueblo judío.
Al llegar a los 70 años, los judíos y los israelíes tienen el derecho y el deber de verse a sí mismos desde una óptica optimista y agradecida. Hemos llegado lejos, y estamos en camino de seguir adelante. Es cuestión de ser agradecidos.
Judío viene del nombre del cuarto hijo de Jacob, Yehudá o Judá. Su madre, Lea, le puso ese nombre que significa “esta vez agradeceré a Dios”. No es trivial el hecho de que seamos el pueblo judío, que ese sea el nombre con el cual hemos perdurado hasta hoy, y como tal, es pertinente ser agradecidos. Hakarat A-Tov, el reconocimiento del bien que se nos hace, es un rasgo muy importante que debemos mantener y propulsar. Al cumplir 70 años de Medinat Israel, es oportuno manifestar nuestro agradecimiento a Dios y a todos quienes dieron su vida y su esfuerzo para consolidar aquello que es el sueño y el orgullo de todos nosotros.
En Venezuela vivimos una situación incómoda al no tener Embajada de Israel. Es desagradable. David Ben Gurión fue de aquellos que proclamaban que era necesario tener un Estado judío independiente. Antes de 1948 y en 1948, hubo importantes figuras del sionismo político que sostenían que podría ser conveniente retrasar la declaración de independencia hasta consolidar ciertas cuestiones diplomáticas. Ben Gurión se impuso, y el 5 de Iyar de 5708, 14 de mayo de 1948, se declaró la Independencia de Israel. Este episodio de la historia moderna de Israel y del pueblo judío nos enseña que es mejor tener Estado sin embajada que embajada sin Estado… Algo que quizá nosotros, en Venezuela, entendemos muy bien ahora.
Jag Saméaj! Yom Huledet Saméaj! Viva Israel.

Por Elías Farache S.

 

 

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