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ESPECIAL

Ygal Cohen, director del Beit Avot Comunitario

“Tenemos una lista de proyectos pendientes”

Redacción NMI

“No me abandones en la vejez” es uno de los principios del Judaísmo. Y la kehilá venezolana, fiel a los preceptos de la Torá, ha cumplido cabalmente con este aspecto con la creación del Beit Avot Comunitario, “casa de los patriarcas”, o “de los padres”, según su traducción del hebreo. Pero antes de echarle un vistazo a la situación actual de tan fundamental institución, hagamos un poco de historia.

El Beit Avot “Jaime y Malka Ivcher” de la UIC fue inaugurado oficialmente en septiembre de 1983, en la sede de la quinta Barcilandia. Más tarde amplían sus espacios al recibir como donación la quinta Brief, ubicada enfrente, la cual se habilita como una segunda sede del Beit Avot; esta se mantuvo hasta 2011, cuando se vendió y se decidió hacer la ampliación de la casa principal, optimizando el espacio con remodelaciones y centralizando todas las actividades en un mismo lugar.

En marzo de 2008, la UIC y la AIV firmaron un convenio de gestión conjunta, pues hasta ese momento el Beit Avot pertenecía a la UIC, a pesar de que siempre ingresaban sin ningún problema personas de la AIV. Entonces se convirtió en el Beit Avot Comunitario, que continúa su labor de dar la mejor calidad de vida posible al residente, durante el tiempo que permanezca en las instalaciones.

Desde hace 11 años, Ygal Cohen, arquitecto de profesión, lleva las riendas de la institución, y sin duda su gestión ha sido una de las más difíciles debido a la severa crisis económica y el desabastecimiento de insumos básicos que le ha tocado enfrentar. Pero con todo, los proyectos en el Beit Avot Comunitario no se detienen, y por ello conversamos con Cohen para conocer de cerca las maromas que hace para apuntalar esta modélica institución.

—¿Qué servicios ofrece actualmente el Beit Avot Comunitario?

—Nuestra misión es proporcionar confort y asegurar el bienestar físico y emocional de nuestros residentes, ralentizar el deterioro y la dependencia ofreciéndoles servicios de residencia, servicios médico-siquiátricos básicos y no sanatoriales, servicios de enfermería y de auxiliares gerontológicos.

Adicionalmente, se ejecutan actividades de terapia ocupacional para promover, en lo posible, la independencia en las actividades básicas de la vida diaria. Igualmente se realizan actividades de socialización, animación socio-cultural y ocupación del tiempo libre (bailoterapia, tai-chi, shiurim, música, carteleras); celebraciones (festividades judías, cumpleaños, día de la madre y del padre, etc.); juegos (dominó, bingo); conversaciones con personal de la institución e invitados, y actividades con voluntarios y alumnos de los colegios de la comunidad y de Hebraica.

—¿Qué tipo de donaciones reciben?

—Recibimos alimentos siempre que sean kasher, porque el Beit Avot es una institución de la comunidad judía, por lo tanto, guste o no, es kasher. También recibimos insumos de uso diario de los residentes: jabón, pañales, toallas desechables, etc. Igualmente, sillas de ruedas, andaderas, bastones y camas clínicas, que si no son usadas en el momento, nosotros nos encargamos de ayudar a la gente de la comunidad que necesite de estos equipos. Hay quienes donan dinero en efectivo, que por lo general usamos para el pago de insumos. Y cuando la donación es grande, se remodelan habitaciones o se construye un segundo ascensor, como el que se está haciendo actualmente, uno “camillero” de mayor capacidad, esto gracias a un generoso aporte. Con lo que hemos recibido últimamente se ha remozado la jardinería en el acceso a la institución, y renovamos los baños de visitantes, adaptándolos también para el uso de los residentes.

En este momento necesitamos ayuda económica para ampliar la capacidad de video de la vigilancia, instalando más cámaras en todas las áreas; el mejoramiento de las zonas sociales; la remodelación de las habitaciones que faltan, así como el comedor y el vestuario de empleados; también la lavandería. De igual manera queremos optimizar el sistema de llamadas habitación-enfermería. En fin, tenemos una lista de proyectos pendientes, pero realizarlos cuesta mucho dinero.

—¿Cómo surten la despensa de insumos ante esta agudizada escasez?

—El Beit Avot proporciona la parte de hotelería, es decir, habitación, cama, sábanas, toallas, etc. Damos cinco servicios fijos de alimentación: desayuno, un refrigerio, almuerzo, merienda y cena. En Yom Kipur, el que quiera comer, come; eso se respeta. Se cocina todos los días, menos en shabat, para el que la comida se prepara el viernes en la tarde. Tenemos Hashgajá de la AIV, y una mashguijá que está pendiente de la cocina. El resto debe traerlo la persona responsable del residente, o la Red de Asistencia Social de la comunidad. Nosotros ayudamos en lo posible. Si conseguimos un medicamento que sabemos es difícil de conseguir, nosotros lo proporcionamos.

—¿Cómo abarcar la atención para 29 residentes sin desmejorar la calidad?

—Tenemos el servicio médico asistencial preventivo, no curativo, conformado por tres médicos. También el cuerpo de enfermeras, que se ocupan de la parte médica del paciente las 24 horas del día. Adicionalmente disponemos del grupo de auxiliares gerontológicos, que se encargan del vestuario, deambulación, alimentación, uso del baño, cambio de pañales, y realización de actividades. En marzo se reestructuró la nómina a 63 empleados (aún por contratar algunos cargos), haciendo énfasis en el personal de atención directa y médico-sanitario, que representan el 43% y 19% del total, respectivamente. Con ello, y a través de jornadas y horarios diferenciados, mantenemos mayor presencia de auxiliares, con el fin de mejorar los servicios de atención directa y actividades de la vida diaria de nuestros residentes.

—¿De qué manera logran motivar al personal para una labor tan delicada como atender a personas de la tercera edad?

—A manera de incentivar a los empleados, pusimos sus sueldos por encima del salario mínimo. Adicionalmente se les da reconocimiento a quienes más colaboran. Se contrató para todos los empleados un plan de medicina pre-pagada en el que el empleado aporta el 25% de la prima básica y la institución asume el otro 75%. En mayo de este año, para seguridad de nuestros empleados, se contrató un trasporte para trasladar a quienes se retiran a las 7 pm hasta la estación del Metro en Bellas Artes. Recientemente, la Cruz Roja dictó a las enfermerasy auxiliares gerontológicos una charla de primeros auxilios: movilización, evitar caídas, cómo atender al afectado mientras llega la ambulancia,etc., y esto es algo que queremos seguir desarrollando.

—¿Qué significa para usted, a título personal, dirigir el Beit Avot Comunitario?

—Siento que he crecido. El Beit Avot es mucho en mi vida. De hecho, mi teléfono nunca se apaga: son 24 horas de estar presente en la institución y con su gente. He aprendido que la persona mayor no es fácil, es un grupo muy vulnerable que necesita soporte en la mayoría de los casos. Uno no puede darles lo que les da la familia, por supuesto; pero uno les da lo que puede. Todos los días, antes de entrar en la oficina, voy al comedor y saludo uno por uno a los residentes por sus nombres. El día que no lo hago me lo reclaman.

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