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He estado en Polonia

YOM HASHOÁ

He estado en Polonia

Lea Chocrón de Bentolila


He estado en Polonia.

En un país gris, oscuro, con las veredas marcadas de sangre,

con los arboles olorosos a plomo y pólvora.

He estado en Polonia.

Un país que contiene tristeza y terror.


He estado en sus bosques.

Son bosques con árboles que saben secretos.

Árboles con raíces que riegan los muertos;

sus hojas, esas que cubren las fosas, hablan y lloran;

sus ramas, esas que siguen allí, escuchan aún las balas.


He estado en sus campos.

No son campos cualesquiera,

son campos de exterminio, son campos de concentración.

Tienen barracas inmensas, con dos, tres, cuatro, mil seres humanos,

¿seres humanos aún?


He estado en sus duchas.

No son duchas cualesquiera,

son las duchas de la muerte;

sus agujeros aún pueden escuchar los gritos, los rezos,

los gemidos de las madres con sus hijos, de los hijos con sus abuelos.


He estado en Auschwitz.

No es simplemente un lugar en el mapa,

es el lugar del desamparo, del desasosiego, de la desesperanza.

Estrepitoso.

Imponente.

Terrible.


He estado en Maidanek,

una escultura al homicidio;

qué perfección, frialdad y orden en cada paso.

Sistemático, frío, planificado. Definitivamente eficiente.

Campos dueños de un Nobel de la Muerte.

Campos héroes de la Solución Final.


He visto las cenizas;

cenizas de más de dos millones de seres,

seres asfixiados en las cámaras de gas;

son infinitas cenizas, infinitas como las lágrimas que allí se han derramado,

como todos los Kadish que allí se han orado,

como tantos los Shemá Israel que se han gritado a los vientos;

y que Dios desde lo alto escucha.

Sí, nos escucha, allí está el Ser Supremo, Hashem,

el Creador del universo.


Y al final… ¿He conocido a los nazis? No, no lo hice.

No me hizo falta.

Su odio y su desprecio indigno

reposarán por siempre en las murallas del gueto.

Su odio y su desprecio exacerbado

están imborrablemente tatuados en los cuerpos que aún “sobreviven”.

Son cuerpos con almas en vela, que sufren, que se prueban a una nueva vida.


¡Qué interesante! Los nazis han cambiado la matemática,

ya el 142.596 no es un simple número; es recuerdo, es tristeza, es rabia, es dolor;

y es, además, lucha. Lucha por la tolerancia, por el respeto y por la paz.

Sí, he estado en mi historia, en mi pasado, en la historia de todos.


Junio de 2007

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