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La vida de los adultos mayores en el Círculo Edad de Oro

KEHILÁ

La vida de los adultos mayores en el Círculo Edad de Oro

H oy en día, el Círculo Edad de Oro cuenta con 65 integrantes (mayores de 65 años) de nuestra comunidad, que disfrutan de actividades sicofísicas, culturales, recreativas y judaicas en los espacios de Hebraica, y que dirige desde su fundación, hace 34 años, Evelyn Fuhrman.

Un poco de historia

Evelyn Fuhrman, gerente del Departamento del Adulto Mayor, cuenta que el proyecto inicial fue concebido por Lya Kohn de Merenfeld (Z’L). Durante la presidencia de Alberto Plotnik, el director de actividades y deportes de Hebraica Eduardo Lisogorsky y el director de programación y shelíaj Adolfo Finkielsztein supervisaban su gestión al dirigir reuniones socioculturales vespertinas orientadas a adultos mayores de 50 años. Más tarde, el proyecto fue diversificándose y enriqueciéndose con el feedback obtenido de sus participantes.

El programa fue creciendo, gracias a la contribución de miembros de la kehilá, y se logró la construcción de una sede para reuniones, el Salón Edad de Oro “Abelardo y Esther Martínez”, inaugurado en 2004. Del mismo modo, la adquisición de un autopullman para los traslados de Hebraica a las casas y viceversa, la contratación de profesores en áreas fundamentales y la incorporación de otros servicios, como las meriendas balanceadas.

Los testimonios en vivo

Fanny Steinmetz, con 92 años, pertenece a este grupo desde sus inicios, junto a Jenny Hassim y Victoria Levy, y expresa de manera enérgica: “Me siento como nunca. Compartir con mis amigas me alegra la vida, me encanta hacer yoga y sobre todo taichí. Los shiurim del rabino y las fiestas hebreas son las mejores”.


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Asimismo, Ruth Nahón, de 82 años, cuenta que desde hace más de tres años forma parte de este círculo, y que: “Estoy contentísima de estar acá, todo es organizado por Evelyn Fuhrman, sus directivas Lilit Hueso y Viviana Ghelman, así como por las voluntarias Monique Harrar y Sharon Drazner. Tenemos actividades adaptadas a nuestras necesidades, como gimnasia, canto, baile, taichí, yoga; pero lo más importante es que estoy feliz de poder compartir con mis amigas”.

Por su parte, Luna Garzón, quien tiene poco tiempo en la Edad de Oro, trabajó por años en la AIV. Al pasar los años se sentía sola, por lo que su sobrina le insistió en probar. “Ahora me siento en contacto con el mundo, estoy entre gente querida, agradable, me siento bien tratada, segura y acompañada”, dice Garzón con entusiasmo.

Igualmente, Luisa Sananes, con 15 años participando de estas actividades, afirma tener salud, distracción y cariño en un solo sitio: “Es dar y recibir. Me siento feliz al participar en la coral, en teatro, en Kineret, paseos a Las Trincheras, el Club Puerto Azul y hasta dos giras a Israel, llamadas el “Tour sueños dorados”, realizadas en 2007 y en 2009, con motivo del 25 aniversario de la Edad de Oro”.

En este sentido, Estrella Benzaquén y Rita Weitzman coinciden en que les encanta estar en Hebraica, ya que sus actividades les proporcionan bienestar: “Hay mucho que hacer”. Raquel Haratz agrega que de estas actividades obtiene salud a través del ejercicio. Y Mary Benaim, con 12 años en la Edad de Oro, asegura que la enriquece ver el ejemplo de sus compañeras y cómo asumen la vida.

Feliz entre las chicas se siente Jacquie Azulay, uno de los caballeros que asiste regularmente a las actividades. Esto es muestra de que no hay edades o sexos para disfrutar y llevar adelante una vida productiva.

La longevidad activa y sus repercusiones

El trabajo social, la sicología y la medicina geriátrica, entre otras especialidades, coinciden en que una longevidad activa fomenta calidad la de vida y el sano desarrollo integral en los adultos mayores de 65 años, de allí que los objetivos de la Edad de Oro se basen en estimular la participación entusiasta en el grupo e integración comunitaria, propiciar la vivencia de la identidad judaica a través de actividades educativas, culturales, sicofísicas y recreativas que potencien los recursos internos, renueven los deseos por un mejor vivir y otorguen un nuevo proyecto de vida; que les aliente a seguir mejorando y disfrutando esta etapa de senectud zaquén, considerada en la tradición judaica con honores para su atención, su sabiduría y su gvurá.


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El cielo es el límite

Si los adultos mayores sienten que pueden aprender, entrenarse y socializar, que merecen ser queridos, útiles y necesarios, entonces sus condiciones sicofísicas mejoran, logrando levantar sus brazos con más facilidad, caminar con más seguridad, tener más autoestima, aprender a usar herramientas tecnológicas como la computadora, enviar emails, fotos, conectarse con sus nietos por Skype, y pare de contar.

“Nuestros abuelos tienen su espacio en Hebraica, pueden realizar paseos con sus pares, además de un sinfín de actividades y proyectos que los unen. También se desarrolla en ellos el orgullo de pertenencia al grupo, nexos de amistad, compromiso, solidaridad compartida y con la institución”, añade Evelyn Fuhrman.

Daphne Breuer de Jagerman

Gerente de Comunicaciones del CSCD Hebraica

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