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Sami Rozenbaum, Director NMI

E l pasado 24 de marzo se llevó a cabo el esperado encuentro futbolístico entre Israel y España, en las eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018. Pero más que deportivo, este fue un juego intensamente político.

La ciudad asturiana de Gijón, en cuyo estadio de El Molinón se celebró el partido, había decretado en enero de 2016 un boicot a Israel inscrito en el movimiento BDS (obsérvese que ya no intentan boicotear los productos de los “territorios ocupados”, como al principio, sino todo lo que tenga que ver con Israel y los judíos). Así que cuando la Federación Española de Fútbol escogió a esa ciudad como sede del partido España-Israel, se generó una gran tensión y expectativa. Patricio Abramzon, director asistente para medios en español del American Jewish Committee (AJC), comenta: “A partir de ese momento, la confusión entre los partidarios del boicot fue tal que no supieron si salir a protestar o correr a comprar boletos”.

José Ignacio Rodríguez, colaborador español del portal Unidos con Israel, escribió: “La primera impresión de alguien que desconoce este deporte de masas, es que el mencionado partido arranca y es percibido como un choque bélico y no como un choque deportivo (…) La bella ciudad de Gijón ha sido ensuciada, empapelada y pintada con mensajes antiisraelíes y pro-palestinos. Lo hemos dicho otras veces: más que ser mensajes a favor de los palestinos, a los cuales no se aprecia en este país, son mensajes antisemitas contra los judíos”.

Como informa el diario El País, el intento de boicot de Gijón le produjo muy mala imagen a esa ciudad en toda España. La decisión original había sido aprobada por los partidos Izquierda Unida, Xixón Sí Puede y el PSOE; este último decidió, hace pocas semanas, distanciarse de ese acuerdo y unirse a quienes siempre se le opusieron: el Partido Popular y Ciudadanos, que habían tachado la declaración inicial como antisemita.

El equipo israelí llegó en medio de medidas de seguridad sin precedentes en Gijón, ante el temor a la violencia; pero la prensa informó que, en realidad, la mayoría de los habitantes de la ciudad mostraron indiferencia ante la campaña contra Israel.

El día del juego, los promotores del boicot convocaron una manifestación que apenas reunió entre 200 y 300 personas; el periodista Diego Torres, de El País, señaló que aunque el vocero de la protesta aseguró que rechazaban cualquier acto de xenofobia, racismo, antisemitismo, antisionismo o incitación a la violencia, una de sus pancartas rezaba “el sionismo asesina niños”. Torres agregó, con ironía: “A la media hora de iniciada la marcha, no quedaban rastros ni del sonido del tambor ni de las banderas al viento. Con el partido de fútbol a punto de empezar, la mayoría de los habitantes de la ciudad, los indiferentes, acudían al café, al bar, a la verdulería, a casa, y también al estadio a un encuentro que tampoco parecía emocionarlos demasiado. En El Molinón, con capacidad para 31.000 espectadores, apenas se cubrió un tercio del aforo. Fue la peor entrada que se recuerda en los últimos años en un estadio que se llena cada vez que juega el Sporting”.

Israel finalmente perdió 4 a 1, pero el movimiento BDS en Gijón quedó aplastado. “El único que salió derrotado fue el odio”, remachó Patricio Abramzon.


C omo señala el AJC, hasta esta debacle del movimiento BDS, Gijón era la última ciudad importante de España que mantenía una resolución de boicot contra Israel. El movimiento tuvo varios éxitos iniciales, que sospechosamente coincidieron con el ascenso del partido Podemos; así, se adoptó un boicot contra todo lo que oliera a Israel y los judíos en numerosas instituciones académicas y ayuntamientos.

Esta tortilla española comenzó a voltearse gracias a la organización ACOM (Acción y Comunicación en Oriente Medio), que llevó a cabo una intensa campaña de esclarecimiento en despachos gubernamentales y tribunales. Ángel Mas, presidente de ACOM, indicó a la revista digital El Medio que comenzaron por informar a los representantes de los partidos moderados “sobre los verdaderos fines y métodos del movimiento BDS, y de la ilegalidad de los acuerdos que pretenden adoptar. De este modo se han parado numerosas mociones antisemitas en lugares como Córdoba, Zamora, Sabadell, Alcoy y otros”.

En los casos en que estas campañas informativas fracasaban, se enfrentó a BDS en los tribunales, y allí comenzaron a sumarse nuevos éxitos: “una a una cayeron por ilegales las resoluciones de ayuntamientos como Avilés, Langreo, Sant Quirse de Valles, Ibiza, Rivas Vaciamadrid y Campezo, por citar ejemplos”.

Una enorme paradoja del intento de boicot a Israel en Gijón, como en todas partes, es que se acusaba al Estado judío de practicar el apartheid, pero su selección de fútbol es una brillante muestra del crisol étnico, religioso y cultural que constituye Israel: el delantero Munas Dabur es árabe, al igual que los centrocampistas Beram Kayal y Maharan Radi; el lateral Eli Dasa es judío de origen etíope; el defensa Taleb Twatiha es beduino; el mediocampista Kenny Saief es druso; Bibras Nathko es circasiano musulmán. Y no está de más mencionar que cinco de los jugadores son sefardíes, es decir, descendientes de judíos expulsados de la propia España hace cinco siglos.


U na periodista canadiense está desarrollando una lucha personal contra el tratamiento antiisraelí que se ve en muchos medios internacionales, como reporta Israel Hayom.

Faith Goldy, quien es cristiana, publica videos en el sitio web The Rebel (El Rebelde), donde revela los mitos comunes sobre el conflicto palestino-israelí. Y ha tenido éxito: su video más reciente, editado tras una visita a Israel, alcanza más de un millón de visitas. Por ejemplo, Goldy aclara que la cerca de seguridad construida para separarse de los territorios palestinos es un “muro” en solo 5% de su recorrido, que “los palestinos pueden entrar en Israel siempre que no lleven consigo explosivos en tubos o chalecos”, y “deben atravesar medidas de seguridad esencialmente similares a las de un aeropuerto”. Explica que ello se debe no a un deseo de Israel de “fastidiar” a los árabes, sino que es una medida necesaria para proteger a sus ciudadanos de actos terroristas que han matado a muchas personas, incluyendo niños; más aún, Goldy señala que son los israelíes quienes no tienen permitido atravesar la cerca hacia los territorios palestinos, y agrega que ella misma, como cristiana, no se atreve a visitar la ciudad cisjordana de Belén, debido a que está llena de carteles que alaban como héroes y “santifican” a los terroristas suicidas y sus acciones.

El video también muestra algo que no aparece en los grandes medios internacionales: el hospital militar israelí que atiende a mujeres sirias, de entre 8 y 80 años, que han sido brutalmente violadas por miembros del Estado Islámico en su país.

En una entrevista con el canal 2 de la televisión israelí, Faith Goldy hizo referencia a la hostilidad de la ONU contra el Estado judío, comentando lo absurdo de que un país como Arabia Saudita forme parte del Consejo de Derechos Humanos y acuse desde allí a Israel. También explicó la posición antiisraelí de muchos medios por el hecho de que están bajo la influencia de ONGs e instituciones académicas financiadas por países y grupos que tienen esa agenda (como BDS), lo que crea “un campo fértil para la difamación y el periodismo perezoso”.

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