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Parashá Vayerá: una visión profunda

*Eitan Weisman

A braham Avinu no es solo nuestro patriarca sino el de toda la humanidad. Es un personaje que, sin dificultad alguna, puede catalogarse como universal, pues se ocupa y preocupa por todos sus semejantes.

El Midrash relata que su carpa estaba abierta por los cuatro costados, para así observar a quien se acercara y ofrecerle alojamiento y alimento. En efecto, la Torá nos comenta al principio de nuestra parashá sobre las tres personas (eran ángeles, pero él lo desconocía) a las que Abraham ruega entren a su carpa y sean sus convidados. Abraham pensaba que dichas personas idolatraban el polvo (en la antigüedad, eran muy numerosas las formas de idolatría), por lo que les solicita, antes de entrar en la carpa, que laven sus manos y pies. No obstante los consideraba idólatras, y servir al Dios viviente no era impedimento para que Abraham los atendiese diligentemente.

En la parashá precedente se menciona cómo Abraham batalla contra un ejército con el objeto de rescatar a su sobrino Lot y a todos los habitantes de la ciudad de Sodoma, aun cuando dichos individuos eran malvados. Sin embargo, donde más destaca el anhelo de nuestro patriarca de ayudar a sus congéneres es en donde más se destaca su preocupación por cada ser humano: la lectura correspondiente a este Shabat, ya que el relato menciona que el Todopoderoso le notifica a Abraham su decisión de destruir las ciudades y habitantes de Sodoma y Gomorra, motivado por la maldad que reina en ellos, así como por la corrupción rampante de sus líderes.

Inmediatamente Abraham inicia lo que pudiese parecer una negociación con el Creador para interceder por la vida de los habitantes del lugar. El hecho de que los seres humanos hayamos sido creados a imagen y semejanza de Dios es motivo suficiente para que el primer patriarca se preocupara por su dignidad y bienestar, de las que cada individuo es acreedor, independientemente de sus creencias.

El concepto tan elevado que tiene Abraham del género humano era algo innato en él. Si analizamos el relato de los tres ángeles (él no sabía que lo eran) que se acercan al patriarca, podremos entender mejor su filosofía de vida. Abraham Avinu tiene el mérito de recibir directamente el mensaje de Dios, que se le revela, de acuerdo al Midrash, al tercer día de haberse efectuado Abraham la circuncisión. En otras palabras, el Creador está confortando al enfermo.

En un momento de la “visita”, Abraham ve a tres personas dirigiéndose hacia él, y exclama: “Adonai, no pases sobre tu sirviente”. La palabra Adonai tiene dos significados. Podría ser “mis señores” —según este significado, Abraham se refiere a los viajeros—, a quienes les pide que no lo menosprecien, que entren en su carpa y sean sus invitados. Pero el segundo significado de Adonai es ¡Dios! Según esto, cuando Abraham es partícipe de lo que puede considerarse la experiencia más sublime, encontrarse con su Creador, solicita le permita atender a las tres personas que se dirigen hacia la carpa, y después retomará su contacto con el Todopoderoso.

Es insólito. ¿Cómo va a dejar a Dios para atender a simples seres humanos? El sueño de cualquier profeta es el de tener ese contacto directo con Dios, la más elevada de las experiencias, y cuando Abraham lo logra desprecia la oportunidad. Hasta pudiese pasar por una falta de respeto. Imaginemos un alumno hablando con el director del colegio, y en medio de la conversación le dice: Señor director, espéreme un segundo que le quiero decir algo a mis amigos.

Entonces, ¿por qué lo hace Abraham? Para él atender a unos individuos no implicaba interrumpir la conexión con el Creador. El contacto con Él no implica desconectarse de la realidad, por el contrario: quien pretende estar cerca del Todopoderoso, debe involucrarse intensa e íntimamente con sus congéneres, velar por su bienestar material y espiritual, involucrarse con ellos de manera tal que puedan percibir lo positivo de adherirse a los valores éticos y morales que requiere Dios de aquellos que pretenden estar cercanos a Él.

Abraham sabe que atraer a aquellos que están alejados del sendero de la virtud no es una interrupción del contacto que se tiene con el Creador, por el contrario, es intensificarlo. Todos somos responsables de los otros. Comportarnos tal como lo hizo el primero de nuestros patriarcas es la manera de intensificar la cercanía que queremos tener con nuestro Dios.

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