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Beatriz W. de Rittigstein

Jóvenes ingenieros árabes israelíes, la mayoría mujeres, se están incorporando al mundo de la alta tecnología gracias a un programa de la ONG Tsofen. Con o sin la nueva ley, Israel es un ejemplo de inclusión de las minorías (foto: http://knowledge.wharton.upenn.edu/) 

 

En un artículo publicado en este mismo medio, el Dr. Adolfo Salgueiro expresó preocupación por las consecuencias de la reciente Ley Básica que reafirma a Israel como Estado-nación del pueblo judío. Nuestro amigo advierte que su afecto no significa una lealtad automática; a este punto aclaro que tampoco queremos una amistad constreñida de esa manera, y por supuesto que críticas como las suyas, constructivas y de buena voluntad, son siempre valiosas.

De hecho, en Israel y en las comunidades judías de la diáspora hay serias discusiones acerca de múltiples aspectos de la mencionada ley. Al fin y al cabo, se trata de un país auténticamente democrático, en el que se respeta la libertad de pensamiento, expresión y acción. Adicionalmente, el cuestionar, discutir y criticar son características intrínsecas de los judíos.

Comienzo por señalar que en el texto de la nueva ley no hay nada específico que llame a la discriminación de ningún sector de la ciudadanía israelí. En cuanto a la coyuntura inoportuna de su aprobación, recordemos que en el mismo momento de la Declaración de Independencia, el 14 de mayo de 1948, los países árabes atacaron al naciente Estado con el propósito de desaparecerlo; el lema que repetían era“echar a los judíos al mar”. Nunca es el momento oportuno, pero ciertamente esta Ley Básica debió ser de las primeras en promulgarse, pues formaliza la letra de la Declaración de Independencia. La referida ley tiene poco de novedoso; legisla sobre lo que es Israel, un Estado judío, el único. Recordamos que, en 1922, la Liga de las Naciones reconoció “la conexión histórica del pueblo judío con la región conocida con el nombre de Palestina” como “la base para reconstruir su hogar nacional”, y nombró a Gran Bretaña para gobernar el Mandato sobre Palestina, con el objetivo de “colocar al país bajo condiciones políticas, administrativas y económicas que aseguren el establecimiento del hogar nacional judío”.

En 1947, cuando la ONU votó la partición, señaló con claridad que debía establecerse un Estado judío y otro árabe; la historia la conocemos: los judíos aceptaron y los árabes lo rechazaron. Justamente, esta ley es necesaria para desactivar las campañas judeófobas que pretenden ilegitimar a Israel, por citar un caso: la Unesco, que en discordancia con la realidad histórica ha emitido resoluciones que borran el milenario e indisoluble vínculo de la tierra de Israel con el judaísmo. Desde el renacimiento del Estado judío, las minorías en Israel disfrutan de los mismos derechos que la mayoría judía, y esta ley no dice lo contrario. Varios años antes, en 1992, se aprobaron dos leyes básicas; la primera, llamada“Ley Fundamental: Libertad de ocupación” (en referencia al oficio o actividad comercial), y la segunda, “Ley Fundamental: Dignidad humana y libertad”, la cual declara que los derechos humanos básicos serán reconocidos en Israel a partir del valor del hombre, la santidad de su vida, y el hecho que el ser humano es libre. Define la libertad humana como “el derecho de entrar y abandonar el país, la privacidad, la intimidad y la protección del registro ilegal de las propiedades de una persona”. Los parlamentarios no contemplaron redundar en algo ya legislado; no obstante, dadas las circunstancias y las malas interpretaciones, resulta importante la insistencia del término “igualdad”.

Cabe esclarecer que la reciente Ley Básica no se refiere al judaísmo solo como religión; va mucho más allá: incluye historia, cultura, tradición, es decir, al pueblo judío.Además de las leyes vemos que, en la práctica, la libertad y la igualdad son un sello de la cotidianidad israelí. Es común ver a árabes (ya sean musulmanes o cristianos), drusos y otras minorías que ocupan distintos cargos institucionales, a los cuales llegaron por sus propios méritos. Cada ciudadano tiene acceso a la educación, salud, justicia y seguridad, sin ningún tipo de distingos. A manera de ilustración, hace un par de meses hubo un gran desfile del orgullo gay en Tel Aviv, cosa bastante extraña en el Medio Oriente que solo cristaliza en esa “isla” democrática en la región. En otro asunto, hace poco una joven piloto israelí fue promovida a teniente coronel y será la primera mujer de la Fuerza Aérea en comandar un escuadrón de vuelo. Al mismo tiempo, en Arabia Saudita, por ejemplo, y por primera vez, las mujeres ya pueden obtener licencias para conducir vehículos, pero se ven obligadas a sortear grandes obstáculos. Cada vez que vacilen con respecto a Israel, resulta pertinente preguntar: ¿cómo se trata a la mujer en los países árabes e islámicos?En fin, las polémicas desatadas por esta nueva Ley Básica muestran que necesita ser enmendada, para no dejar ningún vacío que pueda generar malos entendidos. Probablemente, dada la protesta de la ciudadanía israelí en general, ello ocurra muy pronto.

 

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